Cada vez más personas se acuestan de madrugada, atrapadas en rutinas de vigilia que, lejos de ser meros hábitos, podrían ser respuestas emocionales a experiencias adversas. Así lo explica la terapeuta Miriam Salinas, quien a través de su cuenta de Instagram ha viralizado una reflexión que resuena con un problema de salud creciente: "Te acuestas tarde porque es el único momento en el que sientes paz", sostiene.
Según Salinas, estos patrones de sueño alterados no son simples "malas costumbres", sino estrategias inconscientes de afrontamiento ante el malestar emocional o psicológico.
Cada vez hay más insomnio
Datos de la Sociedad Española de Neurología (SEN) avalan la magnitud del problema: el 48% de la población adulta española no alcanza un sueño de calidad, y más del 54% duerme menos de las horas recomendadas. Estas cifras reflejan una tendencia preocupante, en la que acostarse tarde, abusar de las pantallas o postergar el sueño se convierte en un refugio frente a pensamientos intrusivos, estrés acumulado o traumas no resueltos. Como advierte Salinas, el uso excesivo del móvil o el aislamiento social no son comportamientos aislados, sino síntomas de una desregulación del sistema nervioso autónomo (SNA) asociada a la exposición prolongada al estrés.
La terapeuta identifica en su análisis diversos signos vinculados a estas alteraciones: fatiga crónica, perfeccionismo exacerbado, verbosidad e insomnio tardío. Esta perspectiva se alinea con estudios publicados en revistas como Journal of Anxiety Disorders, donde se describe cómo el trauma puede modificar la arquitectura cerebral, alterando los ritmos circadianos y dificultando la capacidad para conciliar un sueño reparador. Salinas insiste en que "conocer el origen traumático de estas conductas es fundamental" para diseñar una intervención terapéutica que no solo aborde los síntomas, sino también sus raíces profundas.
Tiene graves consecuencias para la salud
Más allá de la incomodidad inmediata, la privación crónica de sueño tiene consecuencias devastadoras para la salud física y mental. Investigaciones del National Institutes of Health han demostrado que dormir menos de seis horas por noche incrementa significativamente el riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2, trastornos depresivos e incluso deterioro cognitivo temprano. La falta de sueño también afecta la regulación emocional, incrementando la irritabilidad, la ansiedad y dificultando las relaciones personales y laborales.
Tratar de modificar estos patrones únicamente mediante fuerza de voluntad suele ser ineficaz si no se atienden las causas subyacentes. Como subraya Salinas, comprender que el retraso en la hora de dormir puede ser un mecanismo de supervivencia emocional —y no una simple falta de disciplina— es el primer paso hacia una recuperación genuina y duradera.















