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Rusia cambia de estrategia: fija la Luna como su próximo objetivo y ya plantea territorios soberanos fuera de la Tierra

El problema para el Kremlin es que, por ahora, esa ambición tropieza con dos muros difíciles de esquivar: un tratado internacional que prohíbe la apropiación soberana y un programa lunar que aún no ha demostrado que pueda sostener sobre el terreno.
Rusia cambia de estrategia: fija la Luna como su próximo objetivo y ya plantea territorios soberanos fuera de la Tierra
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Actualizado: 8:01 26/4/2026
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Rusia ha vuelto a mirar a la Luna con una ambición que va bastante más allá de la ciencia. Durante una reunión sobre exploración espacial, Serguéi Chernyshev, vicepresidente de la Academia Rusa de Ciencias, sostuvo que el programa lunar del país debería servir, a largo plazo, para ayudar a establecer “territorios rusos soberanos” en la superficie lunar. La frase, recogida por medios rusos y reproducida después por prensa internacional, reabre de golpe la dimensión geopolítica de la nueva carrera hacia nuestro satélite.

El problema es que ese lenguaje choca de frente con una de las bases del derecho espacial moderno. El Tratado del Espacio Exterior de 1967, piedra angular de la normativa internacional sobre el cosmos, establece de forma expresa que el espacio exterior, incluida la Luna, no puede ser objeto de apropiación nacional por soberanía, uso u ocupación. Es decir, Moscú puede hablar de presencia, investigación, bases o capacidades tecnológicas, pero no de soberanía lunar en el sentido jurídico clásico sin entrar en conflicto con el marco que sigue vigente.

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Una ambición política frente al derecho espacial

La declaración rusa llega además en un momento incómodo para su propio programa espacial. La próxima gran misión, Luna-26, se ha vuelto a retrasar y ahora apunta a 2028, mientras que otras fases del plan se reparten entre 2029, 2030 y bien entrada la década de 2030. Ese calendario refleja hasta qué punto Rusia intenta seguir en la conversación lunar pese al golpe que supuso el fracaso de Luna-25 en 2023 y pese a una pérdida evidente de ritmo frente a otras potencias.

Ese contraste se hace todavía más visible cuando se mira a Estados Unidos. La NASA ya ha completado Artemis II, una misión tripulada de sobrevuelo lunar de diez días, y mantiene como objetivo principios de 2028 para su próximo alunizaje dentro del programa Artemis, aunque la arquitectura haya ido cambiando en los últimos meses. Es decir, mientras Rusia habla de territorios soberanos como horizonte político, Washington ya está consolidando una hoja de ruta mucho más tangible hacia una presencia humana sostenida en la Luna.

Más gesto geopolítico que plan viable

Por eso la frase de Chernyshev se entiende mejor como un gesto de posicionamiento estratégico que como un plan legalmente viable e inminente. En plena reconfiguración del mapa espacial, la Luna vuelve a funcionar como escaparate de poder tecnológico, prestigio nacional e influencia global. Moscú necesita seguir apareciendo en esa foto, aunque su programa arrastre retrasos, limitaciones presupuestarias y una capacidad de ejecución hoy muy por detrás de la de Estados Unidos y China.

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