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China levantó sus megaciudades sobre un terreno que se hunde: millones de bombas extraen agua de las profundidades del terreno

Durante décadas, la extracción masiva de agua subterránea ha provocado que algunas de las mayores ciudades de China pierdan altura mientras el nivel del mar continúa subiendo.
China levantó sus megaciudades sobre un terreno que se hunde: millones de bombas extraen agua de las profundidades del terreno
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Actualizado: 8:02 8/8/2026
china
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Durante mucho tiempo, si había que pensar en una ciudad que se hunde poco a poco, el ejemplo era Venecia. La imagen de sus edificios y calles asentados sobre el agua se ha convertido casi en sinónimo de subsidencia. Pero el fenómeno que ahora preocupa especialmente a los científicos está mucho más lejos de Italia. En el este de China, algunas de las mayores ciudades del planeta llevan décadas perdiendo altura por una razón mucho menos visible: millones de bombas han estado extrayendo agua de las profundidades del terreno.

La construcción de megaciudades en China ha provocado el hundimiento del suelo debido al agotamiento de sus acuíferos

China experimentó en apenas unas décadas una transformación urbana difícil de comparar con cualquier otro momento de la historia. Cientos de millones de personas dejaron las zonas rurales para trasladarse a las ciudades, mientras pequeños núcleos urbanos se convertían en gigantescas áreas metropolitanas.

Para dar cabida a esa población, el país construyó a una velocidad extraordinaria carreteras, puentes, líneas de metro, barrios enteros y enormes concentraciones de rascacielos. Pero semejante expansión necesitaba cantidades cada vez mayores de agua y, en muchas regiones, una parte importante de esa demanda terminó dependiendo de los acuíferos situados bajo el suelo urbano. El problema es que esos depósitos subterráneos no son infinitos.

Shangai

Décadas extrayendo agua del subsuelo han acabado pasando factura. Durante años, la extracción de agua subterránea no parecía tener consecuencias especialmente visibles. El terreno no se hundía de golpe ni aparecían enormes agujeros bajo las ciudades. El descenso se producía lentamente, de una manera poco perceptible, apenas unos milímetros cada año.

Pero esos milímetros se fueron acumulando durante décadas. Cuando se extrae demasiada agua, los sedimentos que forman el subsuelo pierden parte de la presión que ejercía el líquido en sus poros. Como consecuencia, las capas del terreno comienzan a compactarse bajo el enorme peso que soportan. Encima hay rascacielos, carreteras, vías de tren, túneles y todo tipo de infraestructuras, pero el problema está ocurriendo mucho más abajo.

El resultado es una ciudad que, literalmente, pierde altura. Y lo preocupante es que buena parte de este proceso puede ser irreversible. El mapa que reveló la magnitud del problema. La verdadera dimensión de la subsidencia quedó más clara cuando un equipo de investigadores utilizó datos de satélite para estudiar 82 de las principales ciudades de China entre 2015 y 2022.

Las conclusiones fueron difíciles de ignorar: aproximadamente el 45% de las zonas urbanas analizadas estaba hundiéndose a un ritmo superior a tres milímetros al año. En torno a una de cada seis presentaba tasas superiores a los diez milímetros anuales. Eso significa que decenas de millones de personas viven sobre terrenos que están perdiendo altura de manera progresiva.

No existe una única explicación para todos los casos. La composición geológica del terreno, la actividad minera, el peso de las construcciones o incluso determinadas infraestructuras de transporte pueden contribuir al fenómeno. Sin embargo, los investigadores señalan la extracción intensiva de agua subterránea como uno de los principales factores detrás de esta transformación.

En una ciudad como Shanghái, el problema adquiere una dimensión todavía mayor. La subsidencia ya supone un riesgo por sí misma, pero en la costa oriental de China coincide con otro proceso que avanza en dirección contraria: el nivel del mar está aumentando como consecuencia del calentamiento global.

En los grandes deltas del Yangtsé y del río Perla se concentran algunas de las áreas urbanas, industriales y económicas más importantes del país, entre ellas Shanghái, Shenzhen y Hong Kong. Allí, el hundimiento del terreno y la subida del mar pueden sumarse. La consecuencia es sencilla de entender: cuanto más baja el suelo, menos margen queda frente al agua.

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En determinados puntos, el terreno puede estar descendiendo incluso más deprisa de lo que aumenta el nivel del mar. Eso incrementa considerablemente el riesgo de inundaciones y coloca bajo presión a algunas de las mayores concentraciones industriales y logísticas del planeta.

No todo son malas noticias. La subsidencia no tiene por qué continuar indefinidamente al mismo ritmo. Shanghái llegó a hundirse más de un metro durante el siglo XX como consecuencia, entre otros factores, de la intensa extracción de agua subterránea. Sin embargo, las autoridades consiguieron reducir considerablemente la velocidad del proceso mediante restricciones al bombeo y medidas destinadas a recuperar parte de los niveles de agua de los acuíferos.

China tampoco parte completamente de cero. Tokio se enfrentó a un problema parecido durante el siglo XX y consiguió prácticamente detener el hundimiento de la ciudad después de limitar el uso de los pozos y reducir la extracción de agua subterránea. China tiene que aplicar esas mismas lecciones a algunas de las mayores áreas metropolitanas del planeta, y hacerlo antes de que los milímetros se conviertan en metros.

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