La rivalidad entre Estados Unidos y China ya no se libra únicamente en los terrenos económico o diplomático. Ambas potencias compiten por dominar la próxima generación de tecnologías militares, desde cazas de sexta generación hasta armas láser, sistemas hipersónicos e inteligencia artificial aplicada al combate.
Mientras Pekín acelera el desarrollo de nuevas capacidades para el Ejército Popular de Liberación, Washington trata de mantener su ventaja con una nueva generación de armamento diseñada para responder a las amenazas del futuro.
En un giro digno de la ciencia ficción, Estados Unidos ha desplegado un ‘arma hipersónica’ que podría alterar el equilibrio militar global y contrarrestar la creciente amenaza de China
La última muestra de esa estrategia llega de la mano del Next Generation Short-Range Interceptor (NGSRI), un misil interceptor desarrollado conjuntamente por Raytheon y Northrop Grumman que aspira a convertirse en el sustituto del veterano FIM-92 Stinger, uno de los sistemas antiaéreos portátiles más utilizados por las fuerzas occidentales desde la Guerra Fría.
Aunque pesa alrededor de 15 kilogramos, el NGSRI está concebido para ofrecer unas prestaciones muy superiores a las de su predecesor. Con una longitud inferior al metro y medio, el misil es capaz de superar la velocidad de Mach 3 pocos segundos después de su lanzamiento y alcanzar objetivos situados a más de nueve kilómetros de distancia. Para conseguirlo incorpora un nuevo sistema de propulsión basado en tecnología HLG (Highly Loaded Grain), un combustible sólido de alta densidad que mantiene el empuje durante más tiempo y proporciona una trayectoria mucho más estable.
Las diferencias respecto al Stinger son considerables. El modelo actualmente en servicio alcanza velocidades cercanas a Mach 2,2 y tiene un alcance efectivo aproximado de 4,8 kilómetros. El nuevo interceptor prácticamente duplica esa distancia, además de mejorar la capacidad de seguimiento y destrucción de blancos de pequeño tamaño o que maniobran a gran velocidad.
Uno de los aspectos que más ha sorprendido a los analistas del sector es la rapidez con la que el programa ha avanzado. En apenas medio año, el proyecto pasó de la fase de diseño a realizar pruebas reales. Los primeros ensayos tuvieron lugar en el Laboratorio de Balística de Allegany, en Virginia Occidental, donde el prototipo fue sometido a condiciones extremas de temperatura y humedad para comprobar su funcionamiento en escenarios similares a los de un conflicto real.
Los conflictos recientes, como el de Irán, han demostrado la importancia de los drones de ataque, enjambres de aeronaves no tripuladas, misiles de crucero de vuelo rasante y armas hipersónicas, amenazas que muchos sistemas de defensa antiguos no pueden contener. El NGSRI puede localizar, fijar y destruir un objetivo móvil en menos de cinco segundos, incluso a varios kilómetros.
Inicialmente destinado al Ejército y Cuerpo de Marines de EE. UU., el programa ha despertado interés internacional. Japón, Israel y aliados de la OTAN lo consideran un posible sustituto de sus sistemas portátiles de defensa aérea. Su coste, estimado en 120.000 euros por misil, es muy inferior al de otros interceptores de mayor tamaño. Washington no presenta oficialmente este desarrollo como una respuesta a China, pero la aceleración del programa refleja la intención de mantener el liderazgo tecnológico ante las inversiones chinas en armamento avanzado. El NGSRI es una nueva generación de misiles para un campo de batalla donde la rapidez, precisión y capacidad para neutralizar amenazas sofisticadas son cruciales.















