Frente a la costa de Televåg, al oeste de Noruega, un equipo de arqueólogos marinos ha localizado una estructura de piedra bajo el agua que no encaja bien con una explicación natural. La formación apareció en Grindasundet, un estrecho cercano a Bergen, y lo que más ha llamado la atención no es solo su tamaño, sino su disposición: una franja pétrea larga, continua y aparentemente construida por humanos en un punto muy concreto del paso marítimo. Los investigadores del proyecto, difundido por Science Norway, hablan de un hallazgo “muy inusual”.
La estructura principal mide más de 25 metros de largo y hasta 9 metros de ancho, y no apareció sola. Junto a ella se detectó también un gran montículo circular de piedras, de unos 15 metros de diámetro y cerca de 4 metros de altura. El equipo la documentó con sonar, inmersiones y fotogrametría, y una de las claves del caso es precisamente esa combinación: no parece una simple acumulación dejada por corrientes o desprendimientos, sino una intervención deliberada sobre el fondo marino.
La pista de una posible trampa para cetáceos
La hipótesis más sugerente es que ese cinturón de piedras formara parte de una trampa para ballenas usada en época medieval, o al menos relacionada con una tradición de caza muy antigua en la costa noruega. Fuentes históricas del siglo XVI ya mencionaban una barrera en esa bahía para bloquear cetáceos, y los investigadores creen que el hallazgo podría señalar la posición de esa instalación o de una versión anterior. Incluso la antigua ley de Gulating, vigente en el oeste de Noruega desde alrededor del siglo X, menciona la conducción de ballenas hacia bahías, lo que da a la idea un respaldo histórico bastante interesante.
Lo más llamativo es que esta práctica no se parece demasiado a la imagen moderna de la caza ballenera en alta mar. Aquí hablamos de un método costero, colectivo y muy dependiente del paisaje: conducir a los animales hacia entradas estrechas, cerrarlas con barreras o redes y rematarlos cuando quedaban atrapados en aguas poco favorables. En la propia región de Øygarden, y especialmente en Skogsvågen, hay descripciones históricas y hasta fotografías tardías de este tipo de captura de rorcuales aliblancos, lo que sugiere que no se trata de una fantasía arqueológica, sino de una tradición con raíces profundas.
Un hallazgo prometedor, pero todavía abierto
Aun así, los propios arqueólogos están siendo prudentes. De momento no han confirmado de forma definitiva que la estructura sirviera para cazar ballenas, y contemplan otras posibilidades. El gran montículo de piedras cercano, por ejemplo, podría corresponder a un intento fallido del siglo XVIII de rellenar el canal con piedra en lugar de mantener una barrera más compleja de madera, cuerda y lastres. Es decir, el yacimiento podría mezclar varias fases de uso del lugar, desde instalaciones antiguas hasta modificaciones posteriores.
Si la interpretación principal acaba consolidándose, el hallazgo sería importante por una razón de fondo: aportaría una de las pruebas físicas más claras de un sistema de captura de ballenas descrito hasta ahora sobre todo en textos. Además, encaja con investigaciones recientes que sostienen que la caza activa de cetáceos en Escandinavia empezó mucho antes de lo que se pensaba, quizá ya en torno al siglo VI.















