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Crítica de 'La Odisea': Christopher Nolan firma una aventura tan espectacular y épica como personal en pleno 2026

Tras el éxito de 'Oppenheimer', Christopher Nolan afronta su proyecto más ambicioso con una espectacular aventura que adapta la 'Odisea' de Homero con personalidad y valentía.
Crítica de 'La Odisea': Christopher Nolan firma una aventura tan espectacular y épica como personal en pleno 2026
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Actualizado: 18:05 15/7/2026

Christopher Nolan es, sin demasiada discusión posible, uno de los cineastas más importantes del siglo XXI, ya que pocos directores han combinado con tanta constancia el éxito comercial y la ambición artística. Después de triunfar con Oppenheimer (2023), la película que finalmente le dio su primer Óscar como director, parecía difícil imaginar cuál podía ser su siguiente paso. Nolan ha respondido intentando el más difícil todavía, como es adaptar la Odisea, una de las obras fundacionales de la literatura occidental y un relato cuya influencia atraviesa casi tres mil años de cultura.

El gigantesco éxito de Oppenheimer permitió a Nolan poner en marcha una producción que llevaba años rondándole la cabeza. Aunque ha habido múltiples versiones y relecturas del poema de Homero, ninguna gran superproducción contemporánea había trasladado el viaje de Odiseo al cine con semejante escala, una ausencia que el director ha aprovechado para acercarse a la mitología griega con ambición y voluntad de hacerla tangible.

La buena noticia es que la película no decepciona: La Odisea es una espectacular cinta de aventuras, de esas que prácticamente ya no se hacen, tan épica como cabía esperar y consciente tanto de la dimensión mítica de su material como de la necesidad de convertirlo en una experiencia accesible. Quien busque una gran aventura rodada con medios extraordinarios, repleta de imágenes poderosas y construida alrededor de un viaje lleno de peligros, difícilmente saldrá insatisfecho; probablemente tampoco saldrán decepcionados muchos amantes de Homero, que sabrán apreciar la dificultad de trasladar al cine semejante mito, una tarea que Nolan afronta con la personalidad y la seguridad de quien lleva más de 25 años construyendo una carrera brillante.

¿Adaptar la Odisea al cine? "Cógeme el cubata..."

Pero una película tan ambiciosa y expuesta tampoco podía escapar al escrutinio que acompaña desde hace años a cada nuevo proyecto de Nolan. Al director se le tiene ganas, no solo en el sentido de esperar con entusiasmo su próximo trabajo, sino también en el de aguardar cualquier excusa para derribarlo. Resulta irónico que haya pasado de ser criticado por la escasa profundidad de sus personajes femeninos a ser ahora tachado de "woke" por algunas decisiones creativas y de reparto. La Odisea recibió críticas desde la primera fotografía oficial, primero por el supuesto escaso rigor histórico de sus armaduras y después por la presencia de actores racializados en determinados papeles, como Lupita Nyong'o interpretando a Helena de Troya.

Matt Damon y Zendaya en 'La Odisea'

En realidad, esas polémicas tienen poco recorrido, porque Nolan no intenta ofrecer una reconstrucción histórica de la Edad del Bronce, sino crear un mundo mítico propio, reconocible y extraño al mismo tiempo. Algunas decisiones visuales pueden chocar, pero encajan con una película que antepone la fuerza y la coherencia de sus imágenes a una fidelidad arqueológica o histórica difícil de sostener.

También se toma muchas libertades con el relato: omite episodios, modifica personajes, comprime tiempos y reorganiza la historia para que funcione mejor como película. Adaptar una obra tan influyente plantea además una dificultad añadida, ya que algunos de sus episodios pueden parecer hoy tópicos precisamente porque ayudaron a crearlos, aunque su estructura no lineal encaja perfectamente con el tipo de historias que le gusta contar a Nolan. Pese a los cambios, conserva el espíritu del original, transmite su sentido de la aventura, el peligro y la extrañeza, e introduce una mirada propia, sin la que la película correría el riesgo de quedarse en una recreación lujosa y respetuosa, pero sin vida.

La película está repleta de caras conocidas, algo habitual en el cine de Nolan, lo que no siempre se traduce en grandes interpretaciones. Matt Damon, que nunca me ha parecido un actor especialmente brillante, cumple como Odiseo, sobre todo en su faceta más física y aventurera, aunque sin aportar demasiada complejidad al personaje. Sí destacan Anne Hathaway, Robert Pattinson y Samantha Morton, intérpretes más capaces y quizá también favorecidos por papeles más jugosos, ya que Tom Holland, pese a tener el segundo personaje más importante de la película, tampoco brilla demasiado.

El caballo de Troya en 'La Odisea'

Es precisamente en el plano dramático, en los momentos más íntimos y en los diálogos entre personajes, donde La Odisea quizá funciona peor, un terreno que continúa siendo una de las debilidades recurrentes del cine de Nolan. Le cuesta arrancar y tanto la historia de amor como el crecimiento de un hijo en ausencia de su padre no siempre alcanzan la fuerza de la aventura. Cuando el viaje despega, en cambio, la película deja escenas extraordinarias: el cíclope, Circe, las sirenas o la visita al mundo de los muertos permiten a Nolan lucirse e incluso coquetear con el terror, recuperando la violencia, la amenaza y la extrañeza de estos episodios sin convertirlos en un espectáculo vacío.

Lo sobrenatural funciona especialmente bien porque surge de un mundo tangible, y los dioses apenas aparecen

Lo sobrenatural funciona especialmente bien porque surge de un mundo tangible, y los dioses apenas aparecen, pero su presencia se siente en el fuego, el viento, las tormentas y un mar que muestra constantemente la fragilidad de los hombres. El drama también remonta en el tramo final, cuando el viaje deja paso a sus consecuencias. Nolan ha definido la historia como la de un hombre que rinde cuentas con lo que hizo en la guerra y con lo que la guerra hace a los hombres, posiblemente la idea más poderosa de la película. Regresar a Ítaca no consiste solo en volver a casa, sino en descubrir qué queda de Odiseo después de tantos años de violencia y afrontar el precio de sus decisiones.

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Uno de los defectos de La Odisea es el uso del sonido para apabullar al espectador, un recurso de Nolan que a estas alturas empieza a resultar demasiado reconocible. La banda sonora del oscarizado Ludwig Göransson, con quien vuelve a trabajar tras Oppenheimer, está construida con metales, liras, voces e instrumentos antiguos, y por momentos resulta fascinante; sin embargo, en las escenas de acción los efectos y la música vuelven a imponerse con una intensidad atronadora. El resultado impresiona, aunque a veces parece que el volumen intenta aportar una emoción que la puesta en escena no ha conseguido transmitir por sí sola. Después de tantas películas recurriendo a este mecanismo, ya le vemos demasiado el truco.

Una película tan ambiciosa y expuesta tampoco podía escapar al escrutinio que acompaña desde hace años a cada nuevo proyecto de Nolan
Christopher Nolan en el rodaje de 'La Odisea'

En todo lo demás, La Odisea es una producción técnicamente impecable. Se trata de la primera película de ficción rodada íntegramente con cámaras de película IMAX, un desafío que Nolan y el director de fotografía Hoyte van Hoytema aprovechan para convertir el mar, las islas, las cuevas y los paisajes en espacios míticos sin hacerlos parecer completamente irreales. Eso sí, dado lo poco accesible que sigue siendo este formato, no hay que temer verla en una sala convencional, ya que incluso en una pantalla tradicional sigue siendo una experiencia espectacular.

Una superproducción con alma de clásico

En definitiva, La Odisea es una película admirable y una de esas obras que siguen creciendo en la memoria después de abandonar la sala. No es perfecta: su arranque resulta algo irregular, los momentos más íntimos no siempre alcanzan la fuerza de la aventura y Nolan vuelve a abusar de un sonido atronador para generar intensidad en las escenas de acción. . Son defectos evidentes, pero cada vez parecen más pequeños frente a la ambición, la personalidad y la enorme cantidad de imágenes y escenas memorables que deja la película.

Dentro del cine de superproducción actual, La Odisea es casi una rareza, una genial película de aventuras que recupera el espectáculo en el mejor sentido de la palabra, encuentra nueva vida en un relato milenario y se atreve a transformarlo sin reducir la épica a una acumulación de efectos digitales. En un panorama de grandes producciones cada vez más previsibles y dependientes de fórmulas conocidas, que una película de esta escala resulte tan personal, valiente y rotundamente cinematográfica es motivo de celebración. Solo el tiempo dirá si estamos ante un nuevo clásico de Nolan, pero se le parece mucho.

Jorge Cano
Redactor
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