Coober Pedy, una localidad perdida en el desierto del sur de Australia, parece salida de una novela de ciencia ficción. Sus calles polvorientas esconden una peculiaridad única: la mitad de sus habitantes no vive en casas a la vista, sino en refugios excavados en la roca. Allí, bajo tierra, encuentran protección frente a un clima insoportable, con veranos en los que los termómetros llegan a marcar hasta 55 ºC.
Una curiosidad que empezó en 1915
La historia de este enclave comenzó hace poco más de un siglo, cuando en 1915 se descubrió ópalo en la zona. Atraídos por la fiebre minera, cientos de buscadores se instalaron en un lugar donde la vida en superficie resultaba casi imposible. La solución fue ingeniosa y práctica: aprovechar los túneles y cuevas de las minas para levantar viviendas subterráneas, conocidas como dugouts. Lo que empezó como un recurso improvisado terminó transformándose en todo un modelo urbano.
Hoy, Coober Pedy cuenta con una población cercana a los 2.500 habitantes y un aspecto singular: desde arriba se ven entradas discretas en la roca y chimeneas de ventilación que delatan la vida que late bajo el suelo. Allí abajo, los hogares mantienen temperaturas estables entre 22 y 24 ºC durante todo el año, sin necesidad de aire acondicionado. Las casas subterráneas incluyen salones, cocinas, dormitorios, baños e incluso piscinas privadas. También hay bares, hoteles, tiendas e iglesias excavadas en la roca.
La alemana Sabrina Troisi, residente de 38 años, vive con su familia en una vivienda subterránea de 277.000 dólares, equipada con varias salas de estar, baños y espacios de ocio. “Lo mejor es el silencio absoluto”, contaba al medio Observator News. “No se oye nada del exterior. Es oscuro y tranquilo, perfecto para dormir”. Además, los precios son significativamente más bajos que en ciudades como Adelaida, donde una casa media cuesta más del doble.
No obstante, este estilo de vida tiene inconvenientes. La falta de ventanas implica renunciar a la luz natural y a la visión del cielo, lo que algunos describen como “vivir en una cueva eterna”. El polvo es otro enemigo cotidiano: las paredes deben sellarse con frecuencia para evitar filtraciones. El agua, escasa y costosa en plena zona árida, se reutiliza para riego y limpieza, y muchas familias recurren a sistemas de almacenamiento y reciclaje para reducir gastos.















