Bután está desarrollando Gelephu, una nueva ciudad que aspira a convertirse en un importante centro económico del país. Situada en el sur, cerca de la frontera con India, Gelephu se aleja del modelo de grandes metrópolis verticales y opta por un crecimiento horizontal, respeto al entorno y una calidad de vida como prioridad.
El rey Jigme Khesar Namgyel Wangchuck impulsa este proyecto como parte de una estrategia más amplia para modernizar Bután, diversificar su economía y frenar la fuga de talento joven. Gelephu no solo busca ser una ciudad habitable, sino también un polo de atracción para la inversión extranjera, especialmente en sectores tecnológicos, innovación y servicios avanzados.
Bután, un país que desafía las normas convencionales, ha anunciado una política única que limita la altura de los edificios a seis plantas
El prestigioso estudio BIG ha diseñado la ciudad como una zona económica especial. Uno de sus puntos fuertes será el acceso a energía limpia, ya que Bután genera casi toda su electricidad a partir de fuentes renovables, principalmente hidroeléctrica. Este factor es especialmente atractivo para industrias con alta demanda energética, como centros de datos o empresas digitales.
En términos urbanos, el proyecto apuesta por una densidad controlada. Aunque el área total prevista es de unos mil kilómetros cuadrados, solo una pequeña parte, alrededor del 4%, se urbanizará. La planificación a largo plazo contempla una ciudad capaz de albergar hasta un millón de habitantes, aunque inicialmente se estima una población cercana a los 250.000.
Un rasgo distintivo es su límite de altura, ya que, desde su misma fundación, se ha especificado que nada de rascacielos. Los edificios no podrán superar las seis plantas, manteniendo una escala humana y coherente con el paisaje. Además, se priorizarán materiales locales como la madera, el bambú y la piedra, reservando el hormigón principalmente para las cimentaciones, crucial en una zona con actividad sísmica.
La primera gran pieza del proyecto será un aeropuerto internacional, previsto para 2030, que aspira a convertirse en un hito arquitectónico al ser el primero del mundo construido con madera contralaminada, una declaración de intenciones sobre el rumbo sostenible de la ciudad. El plan también incorpora medidas de adaptación climática, como mantener los ríos en sus cauces naturales con amplias zonas de protección frente a inundaciones y preservar corredores ecológicos para garantizar el movimiento de fauna salvaje, desde elefantes hasta tigres. Un ejemplo de desarrollo, sostenibilidad y preservación cultural sin perder de vista su identidad.















