En 1864, Julio Verne publicó Viaje al centro de la Tierra, una novela visionaria en la que describía un mundo subterráneo con océanos ocultos, criaturas extintas y fenómenos imposibles. Hoy, más de 160 años después, la ciencia real parece darle una pincelada de razón: geólogos y sismólogos han confirmado la existencia de una vasta reserva de agua atrapada a más de 600 kilómetros bajo nuestros pies, en lo que se conoce como la zona de transición del manto terrestre.
El hallazgo no se refiere a océanos líquidos navegables, pero sí a una reserva gigantesca de agua molecular atrapada en un mineral extremadamente raro: la ringwoodita, una forma de olivino que solo se forma bajo condiciones de altísima presión. Fue identificada por primera vez en la Tierra en 2014, tras descubrirse un diminuto diamante expulsado desde el interior del planeta en Brasil. Desde entonces, los científicos han estado reuniendo evidencias que apuntan a una conclusión sorprendente: debajo del manto superior podría haber agua en cantidades equivalentes a entre uno y tres océanos superficiales.
Una esponja en el corazón del planeta
La ringwoodita se comporta como una auténtica esponja de silicato, capaz de atrapar hasta un 1,5% de su masa en agua. Este mineral, que antes solo se había sintetizado en laboratorio y observado en meteoritos, se forma en las profundidades de la zona de transición del manto, entre los 410 y los 660 kilómetros de profundidad. Allí, las altas presiones y temperaturas provocan que el agua quede atrapada en la estructura cristalina del mineral, sin estar en estado líquido.
“El hallazgo cambia nuestra comprensión sobre el ciclo del agua en el planeta”, afirmaba Steve Jacobsen, uno de los investigadores del Northwestern University que lideró el análisis inicial del diamante brasileño. Según explica, esa reserva subterránea podría actuar como un regulador a largo plazo del agua en la Tierra, un almacén invisible que conecta el interior geológico con los océanos que vemos en la superficie.
Agua subducida: un ciclo más profundo
Este “océano oculto” no es el resultado de acumulaciones estáticas, sino del transporte constante de agua hacia las profundidades a través de las placas tectónicas. Cuando una placa oceánica se hunde bajo otra —en un proceso llamado subducción— lleva consigo sedimentos y agua. Parte de esta agua, en lugar de regresar rápidamente a la superficie a través de la actividad volcánica, queda almacenada en minerales como la ringwoodita durante millones de años.
Esa dinámica redefine nuestra comprensión del ciclo del agua. Como explican desde la American Geophysical Union, la hidrosfera terrestre ya no puede considerarse una capa únicamente superficial, sino una red de circulación mucho más amplia que involucra la geología profunda.
¿Por qué es tan importante?
Además de cambiar los esquemas teóricos, este descubrimiento podría ayudar a explicar por qué los océanos han permanecido estables durante miles de millones de años, sin evaporarse ni crecer descontroladamente. El manto profundo funcionaría como un depósito regulador. También ofrece claves sobre la evolución tectónica, la actividad sísmica y volcánica, e incluso sobre la formación de los continentes, ya que el agua influye directamente en el comportamiento del magma.
Un estudio publicado en Nature por Jacobsen y su equipo en 2014 ya sugería que, si la zona de transición estuviese completamente saturada de ringwoodita con agua, la cantidad total almacenada equivaldría a tres veces el volumen de todos los océanos de la Tierra juntos.















