Japón ha presentado un ambicioso plan quinquenal para abordar el creciente problema de los ataques de osos a humanos. En 2025, el país registró cifras sin precedentes, con 230 incidentes y 13 víctimas mortales. El Ministerio de Medio Ambiente, en colaboración con los ministerios de Agricultura y la Agencia Nacional de Policía, lidera esta estrategia, cuyo objetivo es abatir más de 10.000 osos en un solo año.
La creciente presencia de osos en zonas habitadas, incluidas áreas periféricas de Tokio, se atribuye a varios factores, como el abandono del mundo rural y la escasez de alimento en su hábitat natural, agravada por plagas y los efectos del cambio climático.
Japón se enfrenta a una grave crisis de osos, lo que ha llevado a la declaración de estado de emergencia nacional: la situación es tan crítica que la solución parece prácticamente imposible
El plan va más allá de la caza intensiva. También incluye cambios legales para permitir disparos fuera de los cotos autorizados y un refuerzo urgente del número de cazadores, una figura en declive en un país cada vez más urbanizado. La región de Tohoku se encuentra en el epicentro de la crisis, con un objetivo de 3800 capturas antes de que finalice el año. A esto se suman 1254 en Hokkaido, 3500 en Chubu y unas 600 en Kanto.
Según el diario Asahi, en 2025 se registraron 6800 avistamientos de osos en cerca de 28.000 localizaciones urbanas, concentrándose los ataques más graves en el norte del país. "Se les ha visto alimentarse de productos propios de zonas urbanas, como caquis o nueces de ginkgo, algo impensable en lo profundo de las montañas", señalaba un funcionario de la prefectura de Akita.
Akita ha desarrollado una herramienta única para rastrear estos animales: el mapa ‘Kumadasu’, que significa “el oso aparece”. Activo desde julio de 2024, permite a los ciudadanos registrar encuentros detallados con osos, incluyendo hora, lugar y comportamiento. Los testimonios revelan una inquietante normalidad: osos vistos a pocos metros de viviendas, deambulando por carreteras e incluso irrumpiendo en patios traseros.
Algunos relatos van más allá de la simple observación. Un vecino relató su experiencia en uno de estos encuentros. "Mientras repartía periódicos, fui atacado por un oso de aproximadamente un metro que apareció de repente", indica la víctima. Otro aseguró haber sido sorprendido mientras recogía setas. Estas escenas ilustran la magnitud del creciente, complejo y cada vez más difícil de contener problema al que se enfrenta Japón, hasta el punto de haber sido catalogado como una auténtica emergencia nacional.















