Cuando ves El club de la lucha o Crank, probablemente pienses que estás observando a Helena Bonham Carter o Amy Smart en sus momentos más íntimos ante la cámara. Pero, en realidad, en muchas de esas escenas estás viendo a Laura Grady, una bailarina, modelo y actriz que ha construido una carrera como doble de cuerpo especializada en secuencias sexuales.
Su rostro rara vez aparece en pantalla, pero su cuerpo ha protagonizado algunos de los planos más explícitos del cine comercial de las últimas décadas. En una entrevista con Vulture, Grady relata cómo ha sustituido a actrices como Marisa Tomei, Robin Wright, Patricia Arquette, Piper Perabo o Helena Bonham Carter, entre muchas otras.
Hay escenas que le llevaron hasta dos semanas
Algunas veces se trata de desnudos breves, como salir de una ducha o probarse un sujetador. Pero en otras, como en El club de la lucha, las escenas implicaban días enteros de rodaje con coreografías sexuales muy precisas. “No puedes tener vergüenza”, dice Grady, recordando las dos semanas de rodaje en platós con pantallas verdes junto al doble de Brad Pitt, bajo la dirección meticulosa de David Fincher. “Nos pedía que nos moviéramos como si estuviéramos en melaza, o en agua. Quería que cada gesto tuviera sentido cinematográfico”.
Grady también tiene recuerdos memorables de Crank, donde fue la doble de Amy Smart en una escena de sexo al aire libre con Jason Statham. “Me hizo sentir muy cómoda. Tenía que estar completamente en topless delante de un montón de extras, pero pensé: ‘Hoy no es un mal día. Me voy a desnudar para Jason Statham. Estaré bien’”. De hecho, Amy Smart pidió que Grady repitiera el papel en la secuela, pero ella tuvo que rechazarlo porque estaba embarazada. “Y no puedes ser una doble de cuerpo embarazada. Es un riesgo”.
No todo ha sido glamour
Mientras que en superproducciones Grady se ha sentido respetada, en rodajes de bajo presupuesto ha vivido experiencias incómodas. En uno de ellos, que prefiere no nombrar, un actor “se metió demasiado en el papel” y llegó a hacerla sentir insegura. “Era de esos que practican el método. Gritaba en su camerino, se comportaba como si la escena fuera sexo real. Pensé: ‘Me van a matar aquí’”, recuerda.
Aun así, Grady defiende su profesión con orgullo. Asegura que su éxito se debe a su formación en ballet, su profesionalidad y su cuerpo natural, que mantiene gracias al zumba. Aunque rara vez ha compartido escena directamente con los actores a los que dobla —nunca coincidió en rodaje con Brad Pitt, por ejemplo—, su trayectoria revela una verdad poco conocida: detrás de cada plano erótico cuidadosamente filmado, puede haber un cuerpo ajeno, elegido con precisión para preservar la imagen de la estrella y mantener la magia del cine intacta.















