A punto de cumplirse cinco meses del ejercicio, la divergencia entre mercados se refleja claramente en las cifras y comienza a influir en la asignación de activos a nivel global. El Stoxx Europe 600 ha subido casi un 6%, mientras que el S&P 500 ha aumentado alrededor del 4% en el mismo periodo. Esta diferencia de aproximadamente dos puntos porcentuales confirma un inicio de año marcado por un cambio en los flujos de inversión.
Este fenómeno no es aislado. En 2025, las bolsas europeas ya lograron cerrar con una ventaja de entre dos y tres puntos frente a Wall Street en los principales índices, en un contexto caracterizado por la rotación sectorial y una menor influencia de las tecnológicas. Si esta tendencia se mantiene, Europa encadenaría dos años consecutivos superando a Estados Unidos, algo que no ocurre desde mediados de los años 2000.
Europa supera a EE.UU. en crecimiento económico, ampliando la brecha para 2026
Hay que poner en contexto este ajuste. El cambio relativo no se debe a un mayor dinamismo económico europeo. Las previsiones del Fondo Monetario Internacional siguen situando a Estados Unidos por delante en crecimiento, con una expansión estimada en torno al 2,3% para 2026, frente a apenas un 1,1% previsto para la eurozona.
La clave está en las valoraciones. El S&P 500 sigue concentrando compañías con un perfil de crecimiento más elevado, pero también cotiza a múltiplos más exigentes, lo que reduce el margen de error ante cualquier ajuste en los beneficios.
A ello se suma la incertidumbre derivada del ciclo inversor en inteligencia artificial. El mercado continúa premiando el crecimiento, pero ya no de forma uniforme. Incluso revisiones leves en las expectativas tienen un impacto directo en las cotizaciones, lo que ayuda a explicar el comportamiento más irregular del índice estadounidense en lo que va de año.
Europa, en cambio, parte de un listón más bajo. El Stoxx Europe 600 se mueve en torno a las 15 veces beneficios, mientras el S&P 500 supera las 22 veces, según S&P Dow Jones. Esto supone que la bolsa europea cotiza con un descuento cercano al 30% respecto a la estadounidense. Un diferencial que, aunque estructural en los últimos años, cobra mayor relevancia en un entorno de tipos de interés alejados de mínimos.
También influye la composición sectorial. En Europa tienen más peso sectores como la energía, la banca o la industria. El repunte del petróleo y la mejora de los márgenes financieros han impulsado los resultados de estas compañías, trasladándose con rapidez a sus cotizaciones. Se trata de sectores más ligados al ciclo económico inmediato y menos dependientes de expectativas de crecimiento a largo plazo.
El factor monetario añade otra capa. El mercado anticipa que el Banco Central Europeo se acerque antes a una política más flexible que la Reserva Federal, lo que alivia la presión sobre las valoraciones europeas. Esta expectativa ya se ha ido reflejando en la evolución relativa de los índices desde comienzos de año.
El posicionamiento de los inversores internacionales está experimentando un reajuste. Durante años, la sobreexposición a Estados Unidos ha dominado las carteras globales, pero este sesgo está empezando a moderarse. Parte del capital se está redirigiendo hacia Europa y otros mercados internacionales, según la última encuesta de gestores de Bank of America.
El consenso de mercado sigue otorgando al S&P 500 un potencial cercano al 8%, mientras que el Stoxx Europe 600 se espera que genere entre un 2% y un 4% en el conjunto del año. Las previsiones de beneficios para 2026 reflejan esta diferencia: se prevé un crecimiento de entre el 8% y el 9% en Estados Unidos, frente a un 5%-6% en Europa.
En perspectiva histórica, la ventaja sigue siendo claramente estadounidense. En las últimas dos décadas, Wall Street ha superado con creces a Europa, impulsado por el peso de las grandes tecnológicas y un entorno macroeconómico más favorable. Si bien esta brecha no se corregirá de forma inmediata, sí puede estrecharse en momentos concretos del ciclo como el actual.















