El fundador de Tesla ha presentado la demanda más grande de la historia tecnológica. Elon Musk reclama una indemnización de hasta 134.000 millones de dólares contra OpenAI y Microsoft por beneficiarse de su aportación fundacional. El magnate puso 38 millones de dólares en 2015, lo que representó el 60 por ciento del capital inicial, y ahora exige recuperar las ganancias que considera suyas por derecho.
Steven Molo, el abogado principal de Musk, fue contundente. "Sin Elon Musk, no existiría OpenAI. Proporcionó la mayor parte de la financiación inicial, prestó su reputación y les enseñó todo lo que sabe sobre escalar un negocio", declaró ante Reuters. El cálculo viene de un economista financiero que concluyó que OpenAI ganó entre 65.500 y 109.400 millones gracias a las contribuciones del empresario.
Microsoft también está en el punto de mira. La empresa que invirtió 13.000 millones en OpenAI habría obtenido entre 13.300 y 25.100 millones de dólares al integrarse profundamente con la compañía. Musk abandonó OpenAI en 2018 porque no le gustaba la dirección que tomaba la empresa con el negocio.
OpenAI tacha la demanda de campaña de acoso en toda regla
La respuesta ha llegado rápidamente. OpenAI ha calificado esta demanda de "infundada" y la describió como parte de una "campaña de acoso" por parte de Musk. Un abogado de Microsoft indicó que no existen pruebas de que la empresa "ayudara e instigara" a OpenAI en las acciones que denuncia el magnate. Ambas compañías presentaron impugnaciones formales ante el tribunal federal.
El contexto financiero complica las cosas para OpenAI. La empresa cerrará el año con pérdidas cercanas a los 8.000 millones a pesar de tener más de 800 millones de usuarios semanales. Microsoft controla el 27 por ciento de OpenAI tras la reestructuración que permitió dejar pasar a la inversión privada, y esa transformación es precisamente lo que Musk considera una traición a la misión fundacional sin fines de lucro.
El juicio está programado para finales de abril en Oakland, California. La resolución determinará quién tiene derechos sobre el valor creado cuando un donante inicial ayuda a construir una startup que luego se convierte en un gigante valorado en 500.000 millones de dólares. De fallarse a favor, sería un importante precedente histórico.














