Los baños de hotel ofrecen un arsenal de productos de tocador pensados para la comodidad del huésped. Pequeños frascos de gel, loción hidratante, gorros de ducha e incluso kits de afeitado aguardan en una discreta bandeja, listos para quienes prefieren viajar ligero y evitar cargar con envases voluminosos. Pero no todo lo que brilla es oro, y el champú de cortesía se ha convertido en el principal sospechoso de una conspiración capilar.
Lo que jamás deberías usar en un baño de hotel: "No imaginas lo que puede esconder"
La estilista Marz Collins lo deja claro en declaraciones a HuffPost, ha sido muy clara al respecto: hay que evitar los champús de los hoteles. "La mayoría de los champús de hotel son altamente alcalinos, repletos de sulfatos agresivos y formulados con ingredientes que eliminan los aceites naturales del cabello", indica.
Esta combinación, unida al agua dura de muchas ciudades, puede transformar una simple ducha en un desastre capilar: pelo apagado, sin vida y con electricidad estática. El experto en tendencias capilares Tom Smith es aún más contundente, y cree que no habría que usar nada de los productos de higiene de cortesía. "Es arriesgado", indica. "Muchos de estos productos son genéricos, adquiridos a granel y rellenados en envases de marca. Nunca sabes realmente qué contienen", apunta.
No todos los hoteles juegan con la misma baraja. En los establecimientos de lujo, la historia cambia. Smith apunta que algunos alojamientos boutique optan por marcas de renombre y fórmulas de mayor calidad. Hay un truco infalible para detectar los buenos productos: "Si los artículos de baño están a la venta en la tienda del hotel o el vestíbulo, es una señal de que han sido cuidadosamente seleccionados y no son versiones económicas a granel", recuerda.
Pero hay peligros aún mayores, como los nuevos dispensadores montados en la pared. "Si un envase parece manipulado o reutilizado, prefiero no arriesgarme. Si veo dispensadores fijos, directamente ni los toco", confiesa. Pese a todo, la comodidad es tentadora. Smith, que el año pasado tomó más de 60 vuelos por trabajo, admite que a menudo usa los champús de hotel por pura practicidad, arriesgándose a una mala experiencia. En definitiva, el dilema está servido: comodidad o salud capilar. La decisión, como siempre, queda en manos del viajero.















