Hay trabajos que exigen experiencia, formación o largas jornadas frente a un ordenador. Y después está el de Shoji Morimoto, un japonés de 41 años que ha convertido algo tan aparentemente sencillo como acompañar a otras personas en una forma de ganarse la vida. Su particular servicio consiste, precisamente, en estar presente y no hacer prácticamente nada más.
"Básicamente, me alquilo. Mi trabajo es estar donde mis clientes quieran que esté y no hacer nada en particular", explicó Morimoto a CNBC. Para él, el valor de su actividad está precisamente en esa ausencia de obligaciones. "Hay muchos momentos favoritos en este trabajo, como cuando recibo un mensaje de oferta, cuando conozco a un cliente, cuando acompaño a un cliente a un lugar desconocido, cuando simplemente escucho una historia y me siento feliz en cada momento", afirmó.
Su negocio le permite cobrar entre 10.000 y 30.000 yenes por acompañamiento, aproximadamente entre 62 y 185 euros. En los últimos cuatro años ha realizado alrededor de 4.000 sesiones, normalmente de entre dos y tres horas, y llegó a ingresar unos 80.000 euros durante el pasado año.
突然ですが【朝9時まで】または【夜6時以降】または【土日・祝日】は依頼料を3万円に変更します。
— レンタルなんもしない人 (@morimotoshoji) August 5, 2026
※すでに予約済みの件は適用外です
※遠方への出張や遠隔依頼についてはその都度相談させてください https://t.co/xr30ZwzuE9
La mayoría de sus clientes contactan con él a través de X, donde acumula cientos de miles de seguidores. Además, aproximadamente una cuarta parte repite. Uno de ellos, de hecho, ha recurrido a sus servicios en unas 270 ocasiones.
Las peticiones son tan variadas como peculiares. Morimoto ha acompañado a personas que simplemente querían jugar en un parque o ha esperado junto a alguien para despedir con una sonrisa a un desconocido desde la ventanilla de un tren. Eso no significa que acepte cualquier encargo, ya que entre las propuestas que ha rechazado figuran trasladar un frigorífico, viajar hasta Camboya o determinadas peticiones de carácter sexual.
Antes de convertir esta peculiar actividad en su profesión, Morimoto trabajaba en una editorial. Según explicó Reuters, sus superiores le reprendían con frecuencia por no cumplir con sus tareas y pasar largos periodos sin hacer nada. Con el tiempo, decidió transformar precisamente esa capacidad para permanecer ocioso en un servicio por el que otras personas estuvieran dispuestas a pagar.
Una de sus clientas es Aruna Chida, una analista de datos de 27 años que contrató a Morimoto para tomar té y comer pasteles mientras ella vestía un sari. Quería utilizar el vestido en público, pero temía que sus amigas pudieran sentirse avergonzadas, por lo que prefirió contar con alguien que simplemente la acompañara.
El negocio le permite mantener a su esposa y a su hijo, aunque Morimoto no revela cuánto gana exactamente y asegura que suele atender a uno o dos clientes al día. Su filosofía resume la peculiaridad de su trabajo. “La gente tiende a pensar que mi ‘no hacer’ es valioso porque es útil para los demás pero en realidad no pasa nada por no hacer nada. La gente no tiene por qué ser útil de ninguna manera específica”, concluye.
