Entre los gigantes de acero que surcan los océanos, Estados Unidos presume del portaaviones más grande y tecnológicamente avanzado jamás construido. Se trata del USS Gerald R. Ford, botado en 2013 y concebido como la piedra angular de una nueva era en la proyección del poder naval estadounidense. En los últimos días, el coloso ha navegado por el mar Mediterráneo, donde ha llevado a cabo maniobras destinadas a incrementar la eficiencia operativa y la capacidad de despliegue aéreo de la Armada.
El coloso de los mares: un buque de 100 metros y 100.000 toneladas despliega cazas de combate en el Mediterráneo
Durante las jornadas recientes, el buque insignia protagonizó operaciones nocturnas de entrenamiento, en las que los cazas F/A-18E Super Hornet del Escuadrón de Cazas de Ataque 31 despegaron y aterrizaron bajo la oscuridad del cielo, en una coreografía milimétrica entre el rugido de los reactores y el ritmo del mar. Según el portal UK Defence Journal, las imágenes difundidas por el Servicio de Distribución de Información Visual de Defensa (DVIDS) muestran a la contramaestre de aviación Sammie Smith supervisando una de estas misiones desde la cubierta iluminada por luces ámbar.
El despliegue, enmarcado en las operaciones de presencia de Estados Unidos en Europa y África, busca "apoyar la eficacia, la letalidad y la preparación bélica de las Fuerzas Navales", así como reforzar los intereses estratégicos de Washington y sus aliados. En su interior, el Gerald R. Ford integra dos innovaciones que marcan la diferencia con sus predecesores: el Sistema de Lanzamiento Electromagnético de Aeronaves (EMALS) y el Equipo de Detención Avanzado (AAG), que sustituyen a las catapultas de vapor y a los frenos por cable de la veterana clase Nimitz.
Con 335 metros de eslora y unas 100.000 toneladas de desplazamiento, este gigante de propulsión nuclear es el primero de una generación destinada a dominar los mares durante medio siglo. A su estela llegarán el USS John F. Kennedy, previsto para 2027, y el USS Enterprise, que se espera en 2029. La clase Ford se completará con una decena de buques, cada uno impulsado por dos reactores nucleares Bechtel A1B y diseñado para operar sin límite de autonomía.
Capaz de transportar más de 75 aeronaves, el Gerald R. Ford combina su inmenso poder aéreo con una defensa integrada de misiles SeaSparrow Evolved RIM-162, RIM-116, sistemas Phalanx CIWS y ametralladoras Mk 38, todo ello asistido por el radar AN/SPY-6, que ofrece una visión panorámica del campo de batalla. Un monstruo de acero que simboliza no solo la superioridad tecnológica de la Armada estadounidense, sino también la determinación de un país por mantener su hegemonía en los mares.















