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EE.UU construye un 'robot inmortal' que aterroriza a los científicos: funciona tras romperse y sus partes actúan solas

Un estudio de la Universidad Northwestern revela una máquina modular que sigue operando tras dañarse, diseñada con IA y capaz de redefinir la resiliencia y autonomía en robótica.
EE.UU construye un 'robot inmortal' que aterroriza a los científicos: funciona tras romperse y sus partes actúan solas
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Actualizado: 10:16 17/3/2026

Investigadores de la Universidad Northwestern, en Estados Unidos, han desarrollado un sistema robótico modular capaz de continuar funcionando incluso después de sufrir daños severos o fragmentarse en varias partes. El proyecto, que introduce una arquitectura radicalmente distinta a la de los robots convencionales, plantea nuevas posibilidades para el futuro de la robótica en entornos complejos.

Las metamáquinas con patas, un tipo de robot compuesto por módulos autónomos, representan un avance significativo en la robótica. Estos módulos pueden operar de forma independiente o ensamblarse en diversas configuraciones, cada uno con su propia batería, motor, sensores, capacidad de procesamiento y sistemas de control. Esta integración permite que el robot continúe moviéndose incluso si pierde piezas, a diferencia de los robots tradicionales que se detienen por completo si falla un componente crucial.

Un robot desarrollado con IA inquieta a la ciencia: sigue activo aunque se rompa y sus piezas continúan moviéndose solas

Publicado el 6 de marzo de 2026 en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), el estudio explica que el concepto de un robot que “no muere” es una simplificación de su funcionamiento. En realidad, es una máquina formada por componentes independientes, donde cada módulo conserva su capacidad operativa incluso cuando está separado del resto.

Este enfoque rompe con un principio común en la robótica móvil, donde los sistemas dependen de una estructura central que integra energía, sensores y control. Si falla una pieza clave, el robot queda inutilizado. En cambio, las metamáquinas distribuyen estas funciones entre varios módulos completos, lo que permite que el sistema conserve movilidad parcial incluso tras sufrir daños estructurales.

El robot se basa en bloques robóticos con patas modulares de aproximadamente medio metro de longitud. Cada unidad tiene un diseño sencillo: dos segmentos conectados por una esfera central y un único grado de libertad mecánica. A pesar de esta simplicidad, los módulos pueden rodar, girar o saltar cuando funcionan de forma independiente.

El robot se basa en bloques robóticos con patas modulares de aproximadamente medio metro de longitud

Al conectar varios módulos, se crean estructuras más grandes que pueden adoptar diversas configuraciones corporales y patrones de locomoción. Dependiendo de la combinación, algunas piezas pueden funcionar como patas, otras como ejes de soporte o incluso como elementos de equilibrio.

El equipo realizó pruebas con prototipos de tres, cuatro y cinco módulos en entornos exteriores. Los robots se probaron sobre arena, barro, hierba, grava, raíces, hojas y superficies irregulares de ladrillo. En estas condiciones, lograron correr, saltar, girar e incluso desplazarse después de volcarse, sin necesidad de reconfiguración compleja.

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Un aspecto central del proyecto es la incorporación de inteligencia artificial en el diseño de las máquinas. En lugar de diseñar manualmente un robot inspirado en animales o humanos, los ingenieros emplearon un sistema computacional basado en evolución artificial. El algoritmo utilizó los módulos como bloques de construcción y generó miles de combinaciones posibles, descartando las menos eficientes y conservando las que ofrecían mejores patrones de movimiento. Este proceso explica el aspecto poco convencional de algunos de los prototipos. Según el equipo, la IA produjo configuraciones que un diseñador humano difícilmente habría imaginado.

El investigador Sam Kriegman, profesor en la Universidad Northwestern y líder del estudio, explicó que estos son los primeros robots capaces de operar en entornos exteriores tras haber sido “evolucionados” previamente dentro de una simulación informática.

El trabajo no describe una máquina inmortal ni un robot capaz de regenerarse indefinidamente. En cambio, demuestra algo más práctico: la capacidad de seguir funcionando después de daños estructurales que normalmente inutilizarían a otros robots con patas.

Este enfoque podría ayudar a los investigadores a abordar uno de los principales desafíos de la robótica actual: la fragilidad de los sistemas diseñados para funcionar exclusivamente en entornos controlados. Al distribuir la energía, el control y el movimiento entre múltiples módulos autónomos, la máquina se vuelve más resistente y puede mantener parte de su funcionalidad incluso tras sufrir fallos o impactos.

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