Pocas cosas hay más comunes en una despensa española que una bolsa de frutos secos, y entre todos ellos, las nueces siguen consolidándose como reinas no solo del picoteo, sino de la ciencia nutricional.
En un país donde el consumo de estos alimentos ha crecido más de un 5% en el último año —rozando los 3,5 kg por persona según datos oficiales—, los estudios empiezan a ponerse al día con lo que muchos llevan tiempo intuyendo: que hay algo más que crujido detrás de su sabor.
Cerebro, rendimiento y nueces: una conexión cada vez menos crujiente y más sólida
Un equipo de investigadores acaba de arrojar nueva luz sobre ese vínculo casi poético entre nueces y rendimiento mental. El experimento, publicado en la revista científica Food & Function, se centró en un grupo de jóvenes adultos a los que se les dio nueces como parte del desayuno. ¿El resultado? Mejoras notables en tareas cognitivas y tiempos de reacción más rápidos a lo largo del día. Según Claire Williams, coautora del estudio, el hallazgo no es menor: “Un puñado de nueces por la mañana puede traducirse en una ventaja real cuando se necesita rendir al máximo”, subraya.
Y no estamos hablando de teorías vagas ni de promesas de gurús del bienestar. El equipo empleó EEG (electroencefalografía) para seguir la actividad cerebral de los participantes, observando que el efecto no era inmediato, sino que aparecía con fuerza horas después del desayuno, justo cuando el cerebro se enfrenta a tareas más exigentes. Como quien mete una moneda en una máquina y el premio sale al final de la tarde.
La explicación parece estar en la composición bioquímica de las nueces: ácidos grasos omega-3, proteínas vegetales, antioxidantes como los polifenoles. Es decir, son nutrientes con nombres largos que actúan como engranajes invisibles del cerebro. Además, los análisis de sangre reflejaron variaciones en los niveles de glucosa y lípidos, lo que sugiere un soporte metabólico que favorece el rendimiento mental.
Eso sí, el estudio tiene sus límites: el tamaño de la muestra fue reducido y aún queda por entender a fondo qué mecanismos están exactamente en juego. Pero no camina solo. Cada vez son más los trabajos que apuntan a que los frutos secos no solo son buenos para el corazón o el colesterol, sino también para la cabeza.















