Un estudio internacional encabezado por la investigadora española Teresa Fernández Crespo ha sacado a la luz uno de los episodios más perturbadores de la Prehistoria europea. Según los resultados publicados en Science Advances, las comunidades del Neolítico no solo combatían a sus enemigos, sino que celebraban la victoria con rituales de violencia extrema, que incluían amputar brazos completos para exhibirlos como trofeos y someter a los prisioneros a brutales castigos antes de sacrificarlos públicamente.
Miembros amputados y otros horrores
La investigación se centró en dos yacimientos de Alsacia, Achenheim y Bergheim, separados por apenas 50 kilómetros. Allí aparecieron restos humanos datados entre 4.300 y 4.150 a. C., tanto esqueletos completos como extremidades superiores izquierdas amputadas. El análisis isotópico de huesos y dientes permitió reconstruir la dieta, movilidad y procedencia de las víctimas, revelando que no eran locales, sino forasteros con estilos de vida más inestables y sometidos a mayor estrés fisiológico.
La combinación de esqueletos enteros, con signos de violencia excesiva e innecesaria, y brazos amputados constituye una evidencia sin precedentes. Los investigadores concluyen que los miembros cercenados eran transportados a la aldea para ser expuestos públicamente como símbolo de venganza y dominio. Por su parte, los prisioneros que aparecieron completos habrían sido torturados y ejecutados en ceremonias colectivas, en un contexto que recuerda a los primeros festejos de victorias militares en Europa.
Los análisis mostraron diferencias notables: los brazos amputados tenían valores isotópicos compatibles con individuos de la misma región de Alsacia, mientras que los cuerpos completos se asemejaban más a poblaciones del centro o incluso de la cuenca parisina. Esta distinción sugiere que no todos los enemigos recibían el mismo trato: unos eran deshumanizados como simples trofeos, otros convertidos en víctimas ejemplares en un espectáculo de poder.
El hallazgo cuestiona las teorías previas sobre la violencia en la Prehistoria, hasta ahora entendida como episódica o funcional. Aquí, en cambio, se revela un ritualizado ejercicio de crueldad colectiva, con una clara dimensión política y simbólica: reforzar la cohesión del grupo vencedor y consolidar el liderazgo de quienes impulsaban la violencia. En palabras de Fernández Crespo, que recoge 20 minutos, se trataba de “deshumanizar al enemigo, exhibir venganza y asegurar el apoyo de la comunidad a través del terror”.
Este descubrimiento se suma a otros hallazgos recientes en Europa, como los restos canibalizados de Atapuerca o el enigmático recinto de Flagstones en Reino Unido, que demuestran que la vida en el Neolítico estuvo marcada por tensiones bélicas, sacrificios rituales y jerarquías cada vez más complejas.















