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China sufrió una gran hambruna hasta 1962: lo confió todo a la semilla Jingmai 189 y ahora lucha contra la sequía en el desierto

Un experimento agrícola chino consigue una cosecha récord de trigo en el desierto del Taklamakán y demuestra que los terrenos áridos son la respuesta frente a la pérdida global de tierras de cultivo.
China sufrió una gran hambruna hasta 1962: lo confió todo a la semilla Jingmai 189 y ahora lucha contra la sequía en el desierto
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Actualizado: 7:10 11/7/2026
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desierto

Tras sufrir una de las hambrunas más devastadoras del siglo XX, China priorizó la seguridad alimentaria como un objetivo estratégico. La Gran Hambruna de finales de los años cincuenta y principios de los sesenta, que causó la muerte de decenas de millones de personas, dejó una huella imborrable en la política agrícola del país. Décadas después, China se enfrenta a nuevos desafíos, como el cambio climático, la desertificación y la reducción de las tierras cultivables, lo que ha impulsado al gigante asiático a buscar soluciones innovadoras para garantizar el suministro de alimentos.

China, que sufrió una gran hambruna hasta 1962, ahora se enfrenta a la sequía en el desierto tras depositar todas sus esperanzas en la semilla Jingmai 189

Un proyecto destacado proviene del desierto del Taklamakán, una de las regiones más áridas del mundo. Allí, un equipo de investigadores ha logrado cultivar trigo con un rendimiento excepcional, un avance que podría revolucionar la forma en que se utilizan los terrenos considerados improductivos. Si estos espacios desérticos pueden transformarse en campos agrícolas viables, muchos países afectados por la sequía contarían con una nueva herramienta para fortalecer su seguridad alimentaria.

China y el desierto

La clave de este proyecto reside en una variedad de trigo llamada Jingmai 189, desarrollada por la Academia de Ciencias Agrícolas y Forestales de Pekín. Los científicos diseñaron esta semilla con un objetivo específico: soportar largos periodos de escasez de agua y prosperar en suelos salinos y pobres en nutrientes, condiciones que normalmente impiden cualquier cultivo a gran escala.

Los responsables del proyecto creen que la combinación de mejora genética y adaptación a condiciones extremas podría marcar una nueva era en la agricultura mundial

Para validar la teoría fuera del laboratorio, la sembraron en una parcela experimental en pleno desierto. Los resultados sorprendieron incluso a los investigadores, con una cosecha de aproximadamente 11,5 toneladas por hectárea, casi el doble del rendimiento medio del trigo en China durante el último año.

El éxito del experimento ha despertado un interés internacional significativo. El Instituto de Investigación del Trigo Híbrido afirma que los resultados superaron ampliamente las expectativas y ya han iniciado ensayos similares en Uzbekistán y Pakistán para evaluar el rendimiento de la variedad en otros entornos desérticos y semiáridos.

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Los responsables del proyecto creen que la combinación de mejora genética y adaptación a condiciones extremas podría marcar una nueva era en la agricultura mundial. En un contexto donde la desertificación amenaza millones de hectáreas de cultivo cada año, convertir parte de estos terrenos en superficies productivas supondría un alivio crucial para regiones especialmente vulnerables al cambio climático y la escasez de agua.

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