España se está convirtiendo en una de las puertas de entrada más atractivas para los fabricantes chinos de automóviles que quieren producir dentro de la Unión Europea. El movimiento ya no se limita a vender coches importados: ahora el objetivo es fabricar en suelo europeo, reducir riesgos regulatorios y ganar legitimidad industrial en un mercado cada vez más vigilante con China.
El caso más visible es Chery, que eligió la antigua planta de Nissan en la Zona Franca de Barcelona junto a su socio local EV Motors. Desde allí se ensamblan modelos de la firma española Ebro y vehículos de marcas propias del grupo chino, como Omoda y Jaecoo. El País señaló que Chery es, por ahora, el único fabricante chino que produce actualmente en España.
Barcelona se convierte en base industrial china
La cifra que marca el camino es la capacidad industrial. La planta barcelonesa aspira a convertirse en un centro de producción de gran volumen, con un horizonte de hasta 200.000 vehículos al año si se cumplen las fases previstas. Esa escala permitiría a Chery no solo abastecer el mercado español, sino usar España como base para otros países europeos.
España ofrece varias ventajas. Tiene tradición automovilística, una red de proveedores consolidada, puertos competitivos, experiencia exportadora y plantas que pueden reactivarse o adaptarse con más rapidez que construir desde cero. Para las marcas chinas, eso reduce costes, tiempos y resistencia política en un momento de tensión comercial con Bruselas.
Fabricar en España para competir dentro de la UE
El movimiento también llega mientras otros fabricantes chinos estudian opciones en Europa. MG, Changan o Geely han sido citados en informaciones sobre posibles acuerdos o futuras instalaciones, dentro de una estrategia más amplia para esquivar aranceles, acercarse al consumidor europeo y competir desde dentro contra Volkswagen, Stellantis, Renault o Hyundai.















