A 146 años luz de la Tierra ha aparecido uno de esos mundos que obligan a mirar dos veces. El candidato, bautizado como HD 137010 b, tiene un radio estimado apenas un 6% mayor que el terrestre y una órbita calculada de unos 355 días, una combinación muy poco habitual entre los planetas pequeños detectados hasta ahora alrededor de estrellas parecidas al Sol. El estudio se publicó a finales de enero de 2026 en The Astrophysical Journal Letters.
Sobre el papel, la comparación con la Tierra resulta tentadora, pero conviene bajar un poco el entusiasmo. La estrella del sistema no es un clon solar perfecto, sino una enana de tipo K, más fría y menos luminosa, y el planeta recibiría solo alrededor del 29% de la energía que nuestro mundo recibe del Sol. Con esos números, los investigadores estiman que su temperatura de equilibrio estaría en torno a -68 ºC, así que la imagen más plausible hoy no es la de una segunda Tierra templada, sino la de un mundo frío, quizá más cercano a Marte que a nuestro planeta.
Zona habitable: promesa con matices
Aun así, el hallazgo interesa mucho porque el planeta parece rozar el borde exterior de la zona habitable, esa franja donde podría existir agua líquida si se dan las condiciones adecuadas. Los autores calculan que tiene alrededor de un 40% de probabilidad de estar en la zona habitable conservadora y cerca de un 51% de entrar en una versión más optimista de esa región. Eso no demuestra que sea habitable, pero sí lo coloca entre los objetivos más sugerentes para futuras observaciones.
Hay otro detalle que hace este caso todavía más especial: aún no está confirmado del todo. Todo se basa en un único tránsito de unas diez horas captado en 2017 por la misión K2 de Kepler, una señal muy limpia pero única. El equipo sostiene que la explicación más probable es un planeta en tránsito y descarta varios falsos positivos habituales, pero sigue hablándose oficialmente de candidato planetario, no de planeta confirmado.
Un hallazgo con sello de ciencia ciudadana
La historia del descubrimiento también tiene algo muy atractivo. La primera pista no salió de un telescopio nuevo ni de una gran campaña reciente, sino del trabajo de ciencia ciudadana dentro de Planet Hunters K2, que revisa datos públicos del viejo Kepler en busca de señales pasadas por alto. Luego llegó el análisis técnico del equipo encabezado por Alexander Venner, que reconstruyó tamaño, órbita probable y contexto estelar a partir de esa única caída de brillo.
Lo que convierte a HD 137010 b en una pieza tan valiosa no es solo su parecido parcial con la Tierra, sino su mezcla de rareza y cercanía relativa. Los autores lo describen como el primer candidato con radio y órbita de tipo terrestre transitando una estrella lo bastante brillante como para permitir un seguimiento serio.















