Análisis Feed the Scorchpot, un roguelike de tablero sobre dar de comer a un dragón hambriento (PC)
Feed the Scorchpot es un videojuego roguelike roguelike de tablero inspirado por los juegos de mesa al estilo Catán. El equipo de Moravian ha trasladado algunas de las mecánicas y estéticas tan reconocibles de esas propuestas a un videojuego en el que hemos firmado un pacto con un dragón: 20 años de protección a cambio de 20 años de saciar su hambre. Frente a un tablero dividido en losetas, cada turno tendremos que tirar los dados, cosechar los alimentos de las baldosas activas y cocinarlos hasta llegar al número de hambre de la bestia. Si lo conseguimos, avanzará el año, trayendo consigo prosperidad para la isla. Por el contrario, si no satisfacemos al dragón, condenamos a los habitantes a su furia. Es decir, tendremos que empezar una nueva partida.
Afortunadamente, las rondas son ágiles y rápidas, lo que hace de Feed the Scorchpot un videojuego adictivo. Pero no es lo único. La mezcla entre planificación y adaptación,—al ser la suerte un factor más—, presentan un desafío al que es difícil decir que no, seas o no un jugador apasionado por los roguelike. Los dados tienen peso en la ronda activa en ese momento, pero las decisiones que tomamos lo hacen en toda la partida, acumulándose. Al final, la tentación de iniciar otra partida, para enmendar nuestros errores, subir el hambre de nivel, completar desafíos, superar nuestro récord o leer los comentarios mordaces del dragón, nos ha hecho coger más de una vez la Steamdeck con la intención de solo jugar una más, que en realidad han sido seis o siete.
¡Que aproveche!
Cocinar para el dragón requiere ingredientes, sabor y esencia. No basta solo con usar las tiradas de los dados para cosechar; también tendremos que buscar la manera de que sea una comida rica. La tienda de Feed the Scorchpot nos facilita más de 80 recetas, con ventajas que pueden ser decisivas al preparar los ingredientes cosechados, añadiendo sabor, esencia o cantidad. La recolección de los alimentos y su tipo dependerá de la posición individual, colectiva y adyacente de los más de 50 edificios disponibles (granjas, puertos, santuarios, etc.), que distribuiremos en el tablero hexagonal, que consta de piezas (campos, corrales, prados, arboledas, huertos, etc.). En último término, si una ronda ha sido nefasta, las herramientas pueden sacarnos del apuro. Por ejemplo, tener un cubilete a mano, con el que hemos podido volver a tirar los dados, nos ha salvado alguna que otra vez de la ira del dragón.
Empezamos la ronda estándar con lo mínimo: un par de edificios y una herramienta. Conforme pasen los años, en la tienda aleatoria podremos desbloquear y adquirir más cantidad y mejoras de los dados, las construcciones, las recetas y las herramientas, ganando beneficios, los cuales trabajarán entre sí. No son gratis, por supuesto; son a cambio de los ducados que recibamos anualmente de nuestros edificios, si es que conseguimos sobrevivir. Los máximos de construcciones, herramientas, recetas y dados se ampliarán según lo que compremos y los años que avancemos. Pero esto es un arma de doble filo, porque, con el pasar del tiempo, el hambre del dragón crecerá, habrá peores probabilidades, las malas decisiones pasadas nos perseguirán y eventos desafortunados, —propiciados por las rabietas del dragón—, quemaran la tienda o algunas casillas (edificios, ingredientes, etc.)..
Aun así, no estamos completamente a merced del dragón y de los dados; al estilo de videojuegos como Balatro, en Feed the Scorchpot podemos generar sinergias obscenas y combos rotos, a fin de multiplicar lo máximo posible alimentos, sabor y esencia, las cuales llenarán el caldero del dragón de cifras astronómicas. Llegar hasta ellos requiere de unas cuantas habilidades propias de los roguelike, como son la creatividad, la curiosidad y la estrategia. El factor azar, tan propio del género, y el cual brilla en este título, es a veces la razón de que una partida con un inicio espectacular y algunos ases en la manga acabe por desinflarse a los pocos años. Creemos que para algunos jugadores faltará un poco de equilibrio en la propuesta, que se acusa en niveles de dificultad altos. Además, a veces el videojuego falla en enseñar con claridad los factores del tablero que se multiplicarán, perdiéndoles un poco la pista en partidas avanzadas. A pesar de ello, en este juego podemos decir que el desafío es más amigable que en sus homónimos.
¡Echando leña al fuego!
Los jugadores que no tengan suficiente con el modo Estándar podrán desbloquear 9 niveles de dificultad más altos en escala de hambre, y escoger a otros 7 dragones con una personalidad única y reglas propias en sus tableros. En ese caso, la partida empieza con un condicionante único para cada uno de ellos, como que al comienzo del aó, una casilla aleatoria se convierte en un bosque profundo para el Ermitaño. Algunos son más asequibles que otros, en parte por nuestra habilidad, en parte por la restricción de cada bestia. Aun así, como os decíamos antes, Feed the Scorchpot nos ofrece infinidad de elementos para responder al azar y al hambre del dragón (recetas, herramientas, dados y más), de los que iremos descubriendo su funcionamiento y la interacción con otros. En los niveles superiores, el juego nos entregará un mazo de cartas, a mejorar y construir por nosotros mismos. Esta es otra de las muchas jugabilidades del título.
Evidentemente, para que un juego así funcione necesita un diseño de menús a la altura. Feed the Scorchpot lo tiene. De vez en cuando, debido al ansia del juego por querer que tanteemos todo lo que nos ha preparado, podríamos perder de vista alguno de ellos, así como opciones de las partidas. Pero no será lo habitual. En ese sentido, no nos entorpecerá el apartado artístico del título, aunque parezca recargado. Creado a mano por la pareja de desarrolladores detrás del videojuego, emula una especie de arte medieval modernizado, cómico y adorable, al compás de una banda sonora instrumental, que oscila entre la alegría y la tensión. Otro de los puntos fuertes que cooperarán en que nuestras partidas no acaben en una destrucción prematura es la traducción y localización al español. Es concisa, divertida y funcional; lástima que todavía se escapa alguna frase sarcástica del dragón en inglés y algún modismo del idioma. Lo que sí puede fastidiar un poco las partidas es el uso del trackpad en Steam Deck: es insuficiente para mover y arrastrar en el tablero de juego. Hemos comprobado que es mejor usar los joystick en las consolas de Valve y el ratón en PC.
Pactar con el dragón
Después de su paso por una campaña exitosa de Kickstarter, Feed the Scorchpot llega con una premisa original y bien ejecutada. Las partidas rápidas y desafiantes que nunca pierden el humor, así como las infinitas combinaciones de los elementos en mitad del azar, encandilarán a los jugadores experimentados y noveles. Es más, no nos hacemos responsables de la cantidad salvaje de horas que le echaréis experimentado con el repertorio variado y amplio de opciones que ofrece la propuesta. Tampoco, de todas aquellas en las que acariciareis a los dragones en mitad de una partida, vaya bien o mal el año. El ronroneo del dragón bien lo vale.
Hemos realizado este análisis mediante un código de descarga para Steam que nos ha proporcionado Moravian.

NOTA
Puntos positivos
Puntos negativos
En resumen
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