'La casa del dragón' ha atravesado por no pocas turbulencias creativas desde el estreno de su segunda temporada en streaming. Tras un debut de éxito que hasta llevó a la adaptación de 'Fuego y sangre' a arrasar en los circuitos de premios, con una producción a la misma altura que las temporadas iniciales de 'Juego de Tronos', Ryan Condal llevó la historia de Targaryen por otros caminos alejando la guía narrativa del material de George R.R. Martin.
Con una temporada 2 sepultada por polémicas, controversias y desacuerdos de los directivos y creativos, HBO recupera las riendas de su mayor serie de fantasía actual y presenta una tercera temporada de escándalo que con tan solo unos pocos capítulos supera, con creces, a lo visto en 2024. La compañía ha conseguido volver a la mejor etapa de Poniente con un pulso narrativo mejorado, un ritmo trepidante y una historia que no ofrece un solo respiro al espectador: todo ello acompañado de una épica y una espectacularidad propia de los grandes blockbusters de Hollywood. La familia Targaryen vuelve a brillar.
Ya hemos visto la temporada 3 de 'La casa del dragón' y HBO recupera el nivel de los mejores episodios de 'Juego de Tronos'
En esta tercera temporada, se desata totalmente la Danza de Dragones, la devastadora guerra civil de los Targaryen con dos bandos claramente divididos: los Negros de Rhaenyra y los Verdes de Aegon II, que siguen su incesante lucha por el control total del Trono de Hierro. Tras un periodo de preparación estratégica, diplomacia desesperada y acumulación de fuerzas militares, el conflicto estalla por todo lo alto tanto en tierra como en mar con batallas navales a gran escala -que son un espectáculo visual tremendo-.
Dejando a un lado las libertades y licencias que se ha tomado el equipo de HBO con respecto a las páginas de George R.R. Martin e incluso con con la visión general del autor sobre Poniente, la tercera temporada de 'La casa del dragón' es una representación sin fisuras de la fantasía épica a la que aspiraba la serie desde su primera temporada: con dragones, batallas colosales y una fuerte trama política que no se va por las ramas, sino que va directa al grano y establece consecuencias reales para los personajes, castigando a los protagonistas de manera sistemática con pérdidas y giros que hacen que la trama tenga motivos para escalar en intensidad.
Esta vez no hay margen para episodios que no aportan ni tampoco para subtramas que solamente entorpecen el diálogo principal: HBO ha pulido la serie hasta hacerla brillar, posiblemente, como nunca. Y no es solo cuestión de que los guiones ahora estén más enfocados a la acción -que también, porque siempre ayuda a que la trama se agilice un poco más- sino que incluso los propios artistas están más conectados con sus personajes tras una temporada donde el tono tampoco acababa de verse claro, con un Matt Smith absolutamente desperdiciado.
Aquí, el intérprete de Daemon Targaryen sobresale una vez más sacando a relucir ese carácter rudo y fuerte de su personaje, con una Emma D'Arcy fantástica y una siempre acertada Olivia Cooke -por mencionar a algunos de los artistas principales-. Poniente estaba en apuros y únicamente se estaba sosteniendo sobre los hombros de 'El caballero de los Siete Reinos', que rompía completamente la fórmula de 'Juego de Tronos' con un evidente salto a la comedia y a la sátira, desmontando la grandeza del universo de Martin para representarlo desde una perspectiva más mundana lejos de las altas esferas y las guerras.
Pero con la temporada 3 de 'La casa del dragón' HBO demuestra que aún se puede proyectar Poniente desde ese punto de vista, desde su encarnación original, con diálogos afilados y una verdadera sangría orquestada principalmente por los gigantescos dragones de los Targaryen. La serie ha pegado un giro de timón importante para reconducir la situación, pero aún queda ese remate final para acabar salvando el casi naufragio de la precuela de 'Juego de Tronos'.















