Siempre hemos conocido a Robin Hood como el héroe del pueblo. El ladrón implacable que robaba a los ricos para dárselo a los pobres. Una leyenda de los bosques con una puntería perfecta que nunca, jamás, quería hacer daño a nadie, simplemente impartir justifica para proteger a los más necesitados. Michael Sarnoski, con 'La muerte de Robin Hood', rompe por completo con esa representación del personaje para presentarlo, aquí, como uno de los mayores carniceros de la historia, transformando al mito en un asesino torturado por sus crímenes.
Ya hemos visto 'La muerte de Robin Hood': la destrucción de uno de los mayores mitos del cine con el mejor Hugh Jackman
En 'La muerte de Robin Hood', Sarnoski muestra al legendario arquero como un hombre totalmente abatido y atormentado por sus atrocidades, retirado de la civilización y aislado en los bosques mientras espera que alguien ponga fin a su sufrimiento terrenal. Encarnado por un Hugh Jackman colosal que firma, sin ninguna duda, uno de los mejores papeles de su trayectoria como intérprete, el también conocido como Príncipe de los Ladrones se muestra aquí como un alma en pena que se arrepiente de todas las monstruosidades que ha hecho durante su juventud, alimentando una leyenda falsa oculta tras ríos de sangre.
Lejos de los estilemas habituales con los que siempre se ha mostrado al personaje, con un tono épico y heroico con un telón de acción de fondo, Sarnoski opta por lo contrario; apostando por una atmosfera oscura, gris y apagada y casi fantasmagórica que únicamente brilla cuando el protagonista se aleja de sus pesadillas para intentar ser un mejor hombre. Bañada en silencios y reflexiones, 'La muerte de Robin Hood' es un largometraje puramente dramático con una carga interpretativa que recae sobre los hombros de un Hugh Jackman espléndido, capaz de mostrar tanta ira y rabia como tristeza y arrepentimiento.
Y lo mejor es que la película plasma todo eso a través de un camino sin ningún tipo de censura, mostrando la verdadera identidad de ese gran héroe aclamado por el pueblo -el público- durante décadas. El trabajo artístico e inmersivo de la obra es impecable y la fluidez de la narrativa, aún a pesar de recurrir a constantes diálogos repletos de anécdotas de los protagonistas y acontecimientos del pasado que no vemos, son sublimes y elevan el conjunto dando como resultado final una obra que llega para postularse como una imprescindible del romanticismo.
En un panorama cinematográfico consumido por las sagas y franquicias, con cada vez menos autoría en las producciones y el sello de los cineastas difuminado por los logos de las majors, 'La muerte de Robin Hood' se postula como una de las películas más valientes de la temporada, que no solamente se carga la representación histórica de un héroe tan popular como Robin Hood para darle la vuelta la tortilla, sino que recupera una cinematografía clásica, más pausada y sin exceso de estímulos y cortes constantes, para presentar una historia única que invita al pensamiento.















