La industria del entretenimiento ha vivido uno de esos giros que parecen sacados de un thriller corporativo. Cuando todo apuntaba a que Netflix estaba a punto de reforzar su dominio global absorbiendo buena parte de Warner Bros. Discovery, la partida ha cambiado de dueño en cuestión de horas: Paramount Skydance se perfila ahora como la gran vencedora tras lanzar una oferta imposible de ignorar.
Ya es oficial: Paramount se queda con Warner y Netflix abandona la batalla por el centenario estudio de Hollywood
El movimiento llegó después de que el consejo de Warner Bros. Discovery calificara la última propuesta de Paramount como una “oferta superior”, dejando a Netflix ante una decisión incómoda: subir la apuesta o retirarse. Finalmente, la plataforma dirigida por Ted Sarandos y Greg Peters optó por lo segundo, como indicaban los últimos rumores. En un comunicado conjunto, del que se hace eco Variety, ambos ejecutivos defendieron que el acuerdo tenía sentido estratégico y regulatorio, pero que igualar la cifra rival dejaba de ser financieramente atractivo.
El acuerdo inicial entre Netflix y Warner Bros. Discovery (WBD), cerrado en diciembre, estaba valorado en unos 83.000 millones de dólares e incluía activos tan emblemáticos como Warner Bros. y HBO Max. Sin embargo, Paramount elevó la apuesta con una oferta cercana a los 111.000 millones por la totalidad del conglomerado, incluyendo sus canales de televisión tradicionales. Una diferencia abismal incluso para el gigante del streaming.
David Zaslav, consejero delegado de Warner Bros. Discovery, intentó calmar los ánimos tras el terremoto empresarial, agradeciendo públicamente la colaboración de Netflix durante el proceso y asegurando que la futura fusión con Paramount Skydance generará “un enorme valor para los accionistas”. El mensaje oficial apunta a una nueva etapa basada en la unión de dos históricos de Hollywood bajo un mismo paraguas creativo e industrial.
El impacto, sin embargo, va mucho más allá de los despachos. En Hollywood ya se asume que la integración traerá duplicidades inevitables en producción, programación y estructuras corporativas, lo que suele traducirse en recortes laborales. Además, el plan previo de separar los canales lineales de WBD, el origen real de toda esta subasta empresarial, quedaría definitivamente descartado.
La operación también ha estado marcada por un fuerte componente político y regulatorio. La enorme presencia global de Netflix hacía prever un escrutinio antimonopolio extremadamente riguroso en Estados Unidos y Europa, lo que habría prolongado la aprobación durante más de un año. Paramount, respaldada financieramente por Larry Ellison y con mejores perspectivas regulatorias, aprovechó esa debilidad.
El resultado deja una imagen simbólica poderosa: uno de los estudios fundacionales de Hollywood y la marca que revolucionó la televisión de pago, HBO, están a punto de integrarse en otro gran estudio tradicional. Mientras Netflix continúa creciendo gracias a su propio impulso creativo y una inversión anual cercana a los 20.000 millones en contenidos, la vieja industria vuelve a reorganizarse.















