En los últimos años, la desconfianza hacia los alimentos ultraprocesados ha crecido, extendiéndose desde la alimentación humana a la de nuestras mascotas como los gatos. Cada vez más propietarios de gatos cuestionan la calidad nutricional del pienso comercial, preocupados por su posible impacto negativo en la salud a largo plazo de sus felinos.
En este contexto, las redes sociales se han convertido en un hervidero de mensajes alarmistas que presentan el pienso seco como un peligro para la salud de los gatos. Sin embargo, expertos veterinarios intentan desmentir estas afirmaciones exageradas. El veterinario Carlos Gutiérrez advierte sobre la difusión de una idea sin fundamento científico: que el pienso es prácticamente “veneno” y que su consumo está directamente relacionado con enfermedades graves como el cáncer o la diabetes.
El pienso y los alimentos para gatos cumplen con las normas de calidad alimentaria en España, desmintiendo así los bulos que circulan en redes sociales
Es importante aclarar algunos conceptos. El término “procesado” a menudo se malinterpreta. Todo alimento seco para gatos pasa por un proceso industrial: mezcla de ingredientes, cocción a altas temperaturas y deshidratación para su conservación. Este proceso, por sí solo, no implica que el producto sea de mala calidad. De hecho, ocurre algo similar en la alimentación humana: las legumbres en conserva son un alimento procesado y, sin embargo, son saludables.
La clave, según el especialista, reside en distinguir entre procesado y ultraprocesado. Un pienso puede ser problemático cuando contiene colorantes artificiales, potenciadores del sabor o aditivos innecesarios. Por el contrario, si está elaborado con ingredientes identificables, carne, cereales o legumbres, que han sido cocinados y deshidratados, no hay razón para demonizarlo.
Parte del problema reside en la desinformación. A día de hoy, todavía persisten creencias de que las marcas esconden ingredientes de baja calidad bajo términos ambiguos. Sin embargo, en Europa existen normativas estrictas que obligan a detallar con precisión la composición de estos productos. Aprender a interpretar las etiquetas es fundamental. Conceptos como “carne fresca” o “carne deshidratada” suelen indicar una mayor calidad, mientras que expresiones genéricas como subproductos animales pueden aludir a partes menos nutritivas.
Frente a la alimentación industrial, muchos dueños optan por dietas caseras, pero aquí también hay matices importantes. Los expertos no las descartan, pero insisten en que deben diseñarse bajo supervisión profesional. Un gato no puede alimentarse como un humano: sus necesidades cambian según la edad, el nivel de actividad o su estado fisiológico, y requieren un equilibrio muy preciso de nutrientes, incluyendo elementos esenciales como la taurina.
Improvisar con sobras o recetas caseras sin control puede acarrear problemas. Preparaciones habituales en casa, como unas lentejas, pueden contener cantidades de sal, grasas o condimentos inadecuados para el organismo felino. Además, la variabilidad de los ingredientes dificulta mantener un perfil nutricional constante, lo que a largo plazo puede derivar en déficits o excesos.
Tampoco las dietas crudas, popularizadas bajo el término BARF, están exentas de riesgos. Al no someterse a cocción, pueden favorecer la presencia de bacterias, y su alto contenido en agua complica su conservación, especialmente en animales que comen pequeñas cantidades a lo largo del día.
Por todo ello, muchos veterinarios siguen recomendando el uso de piensos secos de alta calidad. No se trata de una cuestión comercial, sino de practicidad y respaldo científico: estos productos están formulados para aportar todos los nutrientes necesarios, son seguros, fáciles de conservar y permiten mantener una dieta equilibrada sin complicaciones excesivas.















