Vero se ha convertido en uno de esos casos que explican un mercado mejor que un informe: gestiona 97 trasteros y presume de ocupación total, con una cifra que suena muy “de barra de bar” hasta que la desglosas: unos 4.500 euros al mes por centro. La clave, según cuenta en una entrevista en YouTube con el creador Eric Ponce, es que el negocio no se parece a un local clásico: estructura mínima, casi sin personal y con una demanda que —cuando aciertas la zona— se vuelve sorprendentemente estable.
El otro número que sitúa el margen es el gasto fijo: Vero habla de alrededor de 2.000 euros mensuales, con el alquiler como principal lastre. Si esa cuenta se sostiene, el “limpio” queda en torno a los 2.500 euros por centro, un resultado que varios medios han traducido en una rentabilidad aproximada del 15%–20% en su caso. No es magia: es que el producto (metros cúbicos cerrados) escala con poca fricción cuando automatizas accesos y cobros.
El metro cuadrado “pulmón” y la demanda de ciudad
El tipo de trastero que más rota también es el más pequeño: el “estándar” de 2 m² (2x1), con 2,5 metros de altura, a unos 50 euros al mes con IVA y seguro incluidos. Esa cifra cuenta una verdad de ciudad: la gente no busca un almacén, busca un “pulmón” para bicis, maletas, cajas y mudanzas intermitentes… lo justo para que el piso vuelva a respirar sin pagar un alquiler mayor.
La foto de inversión inicial que da la propia Vero —100.000 euros para transformar un local de unos 400 m²— apunta al gran filtro del negocio: no es abrir la puerta, es acondicionar. Divisiones, ventilación, seguridad, accesos, normativa y seguros: en cuanto te saltas un paso, el trastero deja de ser un “producto aburrido” y se convierte en un problema muy caro. En los relatos más optimistas se habla de recuperar la inversión en cuatro o cinco años, pero la letra pequeña siempre es la misma: ubicación, alquiler negociado y tasa real de ocupación.
El viento a favor y los puntos ciegos
El contexto de fondo le da viento a favor: el self-storage lleva años creciendo en Europa y España se ha consolidado como uno de los mercados grandes del continente, en buena parte por densidad urbana, viviendas más pequeñas y movilidad. Informes sectoriales de FEDESSA/CBRE describen un negocio que funciona especialmente bien donde coinciden esas variables: mucha gente por kilómetro cuadrado, poco espacio en casa y necesidad de almacenamiento flexible.
Ahora bien, el “se alquila solo” tiene puntos ciegos que en una entrevista suelen quedar fuera: el riesgo de que el propietario del local no renueve (y te deje sin el activo clave), la competencia de grandes operadores con músculo tecnológico y precios agresivos, y la parte legal (contratos, impagos, accesos, responsabilidad por bienes almacenados).















