Turkmenistán tiene un talento raro para fabricar postales imposibles: en el desierto de Karakum arde desde 1971 el cráter de Darvaza gas crater —la famosa “Puerta del Infierno”—, una cavidad de unos 60–70 metros de diámetro que se convirtió en atracción turística precisamente por lo que, en teoría, iba a durar “unos días”. La escena es hipnótica, pero también incómoda: el fuego es la cara visible de un problema de metano y de un país que vive del gas.
A pocos cientos de kilómetros, la capital Ashgabat parece el negativo fotográfico del cráter: avenidas amplias, monumentos, ministerios y fachadas que se empeñan en un mismo color. No es una exageración literaria: Guinness World Records registró a Ashgabat por la mayor densidad de edificios revestidos de mármol blanco (medición fechada en 2013). Lo blanco no es solo decoración; es un código de prestigio y control visual.
La ciudad blanca como mensaje
Ese control también se ha contado —y discutido— en forma de anécdota automovilística: durante años han circulado reportes de que en Ashgabat se desincentivó (y en algunos casos se retiró) el uso de coches negros u oscuros, con presión para repintarlos en tonos claros como blanco o plateado. No es una norma “universal” fácil de documentar como ley escrita, pero sí una pauta reiterada por medios que han seguido la política doméstica del país y su obsesión cromática.
El resultado, visto desde fuera, es un contraste casi de ciencia ficción: una ciudad que brilla como si la hubieran pulido cada madrugada, y un agujero encendido que recuerda que bajo el decorado hay un modelo energético muy real. Incluso dentro del propio relato oficial, el cráter ha pasado de ser reclamo turístico a estorbo: el Gobierno ordenó en 2022 buscar la forma de apagarlo por razones ambientales y económicas, y a finales de 2025 seguían apareciendo señales de intentos por reducirlo.
La postal y la industria del gas
Luego está el tercer acto de la “estética turcomana”: las urbanizaciones de lujo que parecen hechas para un país con millones de visitantes… en un Estado donde viajar no es precisamente sencillo. El ejemplo más citado es Avaza, un resort levantado en la costa del Caspio con hoteles y bulevares que, según crónicas y reportajes, han tenido periodos de ocupación muy baja, hasta el punto de alimentar la imagen de “ciudad bonita y vacía”.















