Ninguna montaña de la Tierra prepara al ojo humano para enfrentarse al Olympus Mons (Monte Olimpo). Este coloso no es simplemente el volcán más grande de Marte; es el volcán más grande jamás identificado en todo el Sistema Solar.
Con más de 22 kilómetros de altura, casi tres veces la del Everest, y una base que se extiende a lo largo de cientos de miles de kilómetros cuadrados, el Monte Olimpo desafía cualquier noción de lo que un planeta rocoso puede albergar. Durante décadas, se consideró un simple símbolo del vulcanismo marciano, pero las nuevas investigaciones revelan un papel mucho más profundo: un motor térmico capaz de derretir hielo subterráneo y mantener ambientes potencialmente habitables durante millones de años.
Un colosal volcán de 22 km de altura en Marte habría derretido hielo subterráneo, originado sistemas hidrotermales y sostenido vida durante eras geológicas
Su pendiente es tan suave que, a simple vista, un explorador podría no darse cuenta de que está ascendiendo. La explicación es su escala colosal: aproximadamente 600 kilómetros de diámetro, equivalente a la extensión de países enteros. En Marte, la gravedad más baja y la ausencia de tectónica activa permitieron que el magma emergiera durante millones de años desde la misma ubicación, acumulando capa tras capa de lava hasta crear este gigante vertical y horizontal, imposible de replicar en la Tierra.
Pero lo que hace realmente fascinante al Olympus Mons no es solo su tamaño, sino su longevidad térmica. Durante cientos de millones de años, el sistema magmático subterráneo liberó calor constante, suficiente para derretir el hielo enterrado bajo su superficie.
Marte, a diferencia de la Tierra, conserva enormes depósitos de hielo incluso lejos de los polos, y la interacción con este calor podría haber generado agua líquida en profundidad, dando lugar a oasis subterráneos estables, protegidos de la radiación y de las extremas variaciones climáticas.
Las imágenes orbitales muestran fracturas profundas, flujos antiguos y rocas alteradas químicamente por procesos hidrotermales, evidencias indirectas de que el Monte Olimpo pudo haber sustentado entornos propicios para la vida. Como un reactor geológico silencioso, cada pulso de calor habría creado nichos habitables temporales que se repetían una y otra vez durante millones de años, generando condiciones similares a las de los respiraderos hidrotermales terrestres, donde la combinación de agua, calor y química activa alimenta la vida incluso en entornos extremos.
Hoy, esta megamontaña es mucho más que un monumento geológico: es un laboratorio natural. Analizar su calor persistente, su interacción con el hielo y sus sistemas hidrotermales es clave para comprender no solo la historia volcánica de Marte, sino también las posibilidades reales de que la vida haya surgido o perdurado bajo las laderas de este coloso.















