En el Índico, frente a Mahé (Seychelles), hay una isla diminuta que funciona como antítesis del “paraíso privatizado”: Moyenne. La compró en los primeros sesenta el británico Brendon Grimshaw por unas £8.000, y la idea no era levantar un resort con pulsera ‘todo incluido’, sino cuidar un pedazo de tierra que entonces estaba abandonado y sin agua. Décadas después, su historia se usa como ejemplo de conservación hecha a pico y pala… y con un “no” repetido a los cheques en blanco.
El punto de partida no tiene glamour: la isla era “matorral seco” y poco más. Grimshaw se mudó de verdad en 1973 y, con el seychellois René Lafortune, empezó una rutina casi monástica: abrir senderos a mano y plantar. Según el obituario local, metieron 16.000 árboles, incluidos 700 de caoba que llegaron a levantar decenas de pies, y trazaron unos 4,8 km de caminos naturales para que el lugar fuera transitable sin convertirlo en obra civil.
Restauración artesanal y ciencia de fondo
Lo interesante es que esa “reforestación artesanal” encaja con lo que hoy describen los metaanálisis: restaurar bosque y estructura vegetal suele aumentar biodiversidad frente a un estado degradado, aunque rara vez devuelve el ecosistema al 100% de su referencia original. Un trabajo global en Nature Communications cuantificó mejoras amplias en biodiversidad y estructura con restauración forestal, y otro metaanálisis en Ecology Letters encontró incrementos medios de biodiversidad en torno al 20% respecto a sitios degradados, con la coletilla de que el techo natural es difícil de recuperar del todo. En Moyenne, el relato local habla de plantas endémicas reintroducidas, aves que vuelven y un paisaje que dejó de ser un descampado para parecerse a un refugio.
La clave está en que Seychelles Nation cuenta que a Grimshaw le llegaron a ofrecer 50 millones de dólares y se negó porque no quería que su isla se transformara en “destino para millonarios”, sino en parque “para que lo disfrute todo el mundo”. En paralelo, el debate no es abstracto: el propio archipiélago vive tensiones entre conservación y desarrollos de lujo, y la prensa internacional ha descrito controversias por proyectos hoteleros con riesgo de impactos ecológicos en islas próximas a santuarios de fauna.
De isla privada a parque nacional
La protección no fue automática: primero llegó el reconocimiento institucional. En 2008, el Gobierno anunció que Moyenne pasaba a ser Moyenne Island National Park, un hito porque estaba dentro del área del Ste Anne Marine National Park y aun así se le daba estatus propio. Un año después, se habló de una declaración final firmada el 22 de mayo, y el ministro del ramo justificó la medida con un argumento muy de manual ecológico: con desarrollo, contaminación, sedimentación, fragmentación de hábitat e invasoras, necesitas “refugios” blindados para que la biodiversidad tenga dónde aguantar.















