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Un británico compra una isla 'muerta' y la revive con más de 16.000 árboles para convertirlo en un paraíso vetado para los ricos

Hoy la isla sigue recibiendo visitas controladas y, en el escaparate turístico oficial, se presenta como un parque nacional minúsculo —“posiblemente el más pequeño del mundo”— dentro del mosaico de áreas protegidas de Seychelles.
Un británico compra una isla 'muerta' y la revive con más de 16.000 árboles para convertirlo en un paraíso vetado para los ricos
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Actualizado: 5:00 23/2/2026
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En el Índico, frente a Mahé (Seychelles), hay una isla diminuta que funciona como antítesis del “paraíso privatizado”: Moyenne. La compró en los primeros sesenta el británico Brendon Grimshaw por unas £8.000, y la idea no era levantar un resort con pulsera ‘todo incluido’, sino cuidar un pedazo de tierra que entonces estaba abandonado y sin agua. Décadas después, su historia se usa como ejemplo de conservación hecha a pico y pala… y con un “no” repetido a los cheques en blanco.

El punto de partida no tiene glamour: la isla era “matorral seco” y poco más. Grimshaw se mudó de verdad en 1973 y, con el seychellois René Lafortune, empezó una rutina casi monástica: abrir senderos a mano y plantar. Según el obituario local, metieron 16.000 árboles, incluidos 700 de caoba que llegaron a levantar decenas de pies, y trazaron unos 4,8 km de caminos naturales para que el lugar fuera transitable sin convertirlo en obra civil.

Restauración artesanal y ciencia de fondo

Lo interesante es que esa “reforestación artesanal” encaja con lo que hoy describen los metaanálisis: restaurar bosque y estructura vegetal suele aumentar biodiversidad frente a un estado degradado, aunque rara vez devuelve el ecosistema al 100% de su referencia original. Un trabajo global en Nature Communications cuantificó mejoras amplias en biodiversidad y estructura con restauración forestal, y otro metaanálisis en Ecology Letters encontró incrementos medios de biodiversidad en torno al 20% respecto a sitios degradados, con la coletilla de que el techo natural es difícil de recuperar del todo. En Moyenne, el relato local habla de plantas endémicas reintroducidas, aves que vuelven y un paisaje que dejó de ser un descampado para parecerse a un refugio.

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La clave está en que Seychelles Nation cuenta que a Grimshaw le llegaron a ofrecer 50 millones de dólares y se negó porque no quería que su isla se transformara en “destino para millonarios”, sino en parque “para que lo disfrute todo el mundo”. En paralelo, el debate no es abstracto: el propio archipiélago vive tensiones entre conservación y desarrollos de lujo, y la prensa internacional ha descrito controversias por proyectos hoteleros con riesgo de impactos ecológicos en islas próximas a santuarios de fauna.

De isla privada a parque nacional

La protección no fue automática: primero llegó el reconocimiento institucional. En 2008, el Gobierno anunció que Moyenne pasaba a ser Moyenne Island National Park, un hito porque estaba dentro del área del Ste Anne Marine National Park y aun así se le daba estatus propio. Un año después, se habló de una declaración final firmada el 22 de mayo, y el ministro del ramo justificó la medida con un argumento muy de manual ecológico: con desarrollo, contaminación, sedimentación, fragmentación de hábitat e invasoras, necesitas “refugios” blindados para que la biodiversidad tenga dónde aguantar.

Raquel Díaz Herreros
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