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¿Por qué a veces la siesta te sienta fatal y da dolor de cabeza? Un doctor tiene la explicación: 'Es como una gripe'

Saber cuánto tiempo dormir, qué comer antes y en qué condiciones descansar puede marcar la diferencia entre levantarse renovado o arrastrar horas de pesadez.
¿Por qué a veces la siesta te sienta fatal y da dolor de cabeza? Un doctor tiene la explicación: 'Es como una gripe'
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Actualizado: 18:01 24/8/2025
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Dormir la siesta, una costumbre profundamente arraigada en países como España, puede convertirse en un arma de doble filo. Aunque promete descanso y energía renovada, muchas personas despiertan tras una cabezada con dolor de cabeza, mareos o incluso náuseas. Lo que debería ser un breve respiro se transforma en una experiencia desagradable, y la explicación está en cómo funciona nuestro ciclo de sueño.

Una siesta nada reparadora

El doctor Waiz Wasey, especialista en sueño de la Clínica Mayo de Scottsdale (Arizona), explica que no se trata de un único factor, sino de un conjunto de causas que desencadenan esta sensación conocida como inercia del sueño. El problema radica en que los ciclos completos duran unos 90 minutos y, en la mayoría de las siestas, no se llega a completarlos. “Despertarse en mitad de una fase de sueño profundo puede generar desorientación, confusión e incluso síntomas físicos que duran hasta media hora”, señala el experto. En casos extremos, los efectos pueden prolongarse hasta seis horas, acompañados de vómitos o ataques de ansiedad.

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Lo más adecuado es limitarla a 20 minutos.

Las personas con apnea del sueño o problemas respiratorios nocturnos tienen más probabilidades de sufrir estos efectos. “Las interrupciones en la espiración pueden provocar descensos en los niveles de oxígeno en sangre, lo que causa cefaleas, mareos y náuseas al despertar”, explica Wasey. Estudios publicados en Sleep Medicine Reviews apuntan a que la hipoxia intermitente propia de la apnea puede alterar la arquitectura del sueño y exacerbar la inercia diurna.

Problemas digestivos

A las alteraciones respiratorias se suman los problemas digestivos. Dormir justo después de comer incrementa el riesgo de reflujo gastroesofágico, especialmente si la comida ha sido rica en grasas, fritos, lácteos o alimentos ácidos. Según distintas investigaciones, recostarse tras una comida copiosa retrasa el vaciamiento gástrico y favorece el ascenso de los jugos ácidos, lo que agrava la sensación de malestar al despertar de la siesta.

Por eso, los expertos recomiendan vigilar la duración y el contexto de la siesta. Lo más adecuado es limitarla a 20 minutos, lo suficiente para obtener un impulso de energía sin entrar en fases profundas de sueño. En caso de necesitar un descanso más largo, lo aconsejable es llegar a los 90 minutos, para completar un ciclo entero y evitar interrupciones bruscas. La hidratación y una dieta ligera son también aliados importantes para reducir el malestar.

Como resume el doctor Wasey: “El sueño es un proceso biológico delicado. Respetar sus ciclos es fundamental para que una siesta sea realmente reparadora”.

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