La contaminación por plomo no solo quedó en informes industriales, tuberías antiguas o motores de coche: también se quedó pegada a nuestro pelo. Un estudio publicado en PNAS ha analizado mechones conservados durante más de un siglo y ha mostrado, con una claridad poco habitual, cómo la exposición humana al plomo se desplomó tras la creación de la EPA en Estados Unidos.
El trabajo se centró en personas que vivieron en el Wasatch Front, la franja urbana de Utah donde se encuentra el área de Salt Lake City, una región marcada durante décadas por fundiciones de plomo, tráfico con gasolina aditivada y otras fuentes industriales. Los investigadores compararon cabello archivado de la infancia con muestras actuales de los mismos entornos, cubriendo un periodo que va de 1916 a 2024.
Un archivo químico en el propio cuerpo
Los resultados son difíciles de suavizar. Antes de 1970, las concentraciones de plomo en el cabello eran muchísimo más altas; hoy, en esa misma población, los niveles medios son casi 100 veces menores que antes de que existiera la Agencia de Protección Ambiental. En otras palabras: la mejora no es marginal ni estadística, es una caída química enorme registrada directamente en el cuerpo humano.
La cronología también encaja con la historia regulatoria. La caída empieza tras la creación de la EPA en 1970 y se acelera con medidas como la eliminación progresiva de la gasolina con plomo, una de las grandes fuentes de exposición durante el siglo XX. El estudio no demuestra solo que el plomo era un problema; demuestra que regularlo funcionó.
La política ambiental leída en un mechón
Uno de los aspectos más interesantes del paper es metodológico. La sangre sirve para medir exposición reciente, pero el cabello antiguo permite reconstruir un archivo ambiental mucho más largo, porque las partículas de plomo quedan adheridas a la cutícula capilar y pueden conservarse durante décadas si el mechón se guarda. Eso convierte álbumes familiares, recuerdos domésticos y archivos personales en una especie de registro toxicológico involuntario.















