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Miles de serpientes mortales aparecen muertas en Australia: un ave común neutraliza al depredador más temido

Las serpientes pardas orientales aparecen muertas en barrios de Australia; los científicos descubren que un ave común depreda serpientes jóvenes, reduciendo riesgos en zonas residenciales.
Miles de serpientes mortales aparecen muertas en Australia: un ave común neutraliza al depredador más temido
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Actualizado: 9:00 11/3/2026
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El depredador más peligroso de Australia se enfrenta a un enemigo inesperado. Serpientes pardas orientales comenzaron a aparecer muertas en jardines y barrios suburbanos, muchas con fracturas graves en la cabeza y la columna. Lo que parecía un episodio aislado terminó revelando un mecanismo natural de control sobre la especie, responsable del 60 % de las urgencias médicas por mordeduras de serpiente en el continente.

Miles de serpientes venenosas halladas muertas en Australia: un ave común las está cazando sin piedad

Lo que sorprendió a los científicos del Parque de Reptiles de Australia no fue la mortalidad de las serpientes, sino el agente de su neutralización: el cucaburra, un ave aparentemente común. Este depredador ataca a ejemplares jóvenes antes de que invadan patios, tuberías y céspedes residenciales, ofreciendo una solución biológica allí donde los esfuerzos humanos habían fallado durante años.

La urbanización transformó los barrios en hábitats ideales para las serpientes: calor acumulado, refugios artificiales y abundancia de roedores crearon un entorno perfecto para la expansión del reptil. Entre 2020 y 2025, los centros urbanos registraron temperaturas entre 2 y 4 °C más altas que las áreas silvestres, prolongando el ciclo reproductivo de las serpientes hasta tres o cuatro semanas adicionales. Las hembras pueden poner de 15 a 35 huevos por nidada, y las crías se dispersan incluso por tuberías y desagües domésticos. El peligro, por tanto, no se limita al bosque: habita en nuestros patios traseros.

El veneno de la serpiente parda oriental combina procoagulantes y neurotoxinas que, sin antiveneno durante los primeros 45 minutos, pueden resultar letales. Por ello, los jóvenes, objetivo del cucaburra, representan la etapa más crítica de la infestación urbana.

La eficiencia del ave no reside en la fuerza, sino en la precisión. Procesa el movimiento a velocidades superiores a 100 cuadros por segundo, casi duplicando la percepción humana. Detecta serpientes jóvenes desde ramas bajas, se lanza con velocidad y las golpea repetidamente contra troncos, rocas o concreto hasta neutralizarlas. La tasa de éxito alcanza el 98 %, pero seleccionando siempre presas pequeñas y manejables, evitando confrontar adultos de más de 1,5 metros.

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Curiosamente, el cucaburra no era originario de todas las zonas donde ahora regula las serpientes; fue introducido por colonos europeos y pasó de depredador exótico a regulador urbano. En áreas con abundancia de estas aves, se ha registrado una caída de hasta el 30 % en llamadas de emergencia por serpientes y un 5‑7 % menos de consultas médicas por mordeduras.

Este descubrimiento revela una paradoja ecológica: si bien la urbanización creó el problema, la naturaleza ha encontrado, de manera selectiva y brutal, un mecanismo para mitigar el riesgo en los hogares.

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