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Los veterinarios coinciden: 'Cuando un gato lame a su dueño está mostrando cariño, también puede estar revelando estrés oculto'

Los veterinarios advierten que cuando un gato lame a su dueño no siempre está mostrando cariño: en algunos casos puede ser una señal de estrés acumulado.
Los veterinarios coinciden: 'Cuando un gato lame a su dueño está mostrando cariño, también puede estar revelando estrés oculto'
Alberto González ·
Actualizado: 7:01 29/6/2026
españa
mascotas

Veterinarios y etólogos felinos coinciden en que el lamido de un gato a su dueño no debe interpretarse únicamente como una muestra de afecto. Este comportamiento, conocido como acicalamiento social, tiene una lectura psicológica más compleja.

Por un lado, es una clara expresión de confianza en el mundo felino. Sin embargo, también puede ser una señal indirecta de malestar, especialmente si se repite o aparece en contextos de tensión, donde el gato podría estar gestionando ansiedad o estrés.

Los veterinarios coinciden en que cuando un gato lame a su dueño, puede estar demostrando cariño, pero también podría estar revelando estrés oculto

Desde una perspectiva conductual, el hábito de lamer de los gatos se remonta a su etapa de cachorros. Las madres lamen a sus crías para limpiarlas, calmarlas y fortalecer el vínculo afectivo. Al extender este gesto a los humanos, los gatos expresan cercanía e intentan integrar a sus dueños en su grupo social mediante el intercambio de olores y feromonas.

Este proceso crea una “identidad olfativa compartida” que refuerza el vínculo y hace que el gato perciba a su humano como parte estable de su entorno. Sin embargo, los expertos advierten que el lamido excesivo o compulsivo puede tener otra interpretación. En algunos casos, es un mecanismo de autorregulación emocional: al repetir esta conducta, el gato libera endorfinas que reducen la tensión interna.

Este comportamiento suele aparecer ante cambios en el entorno, como mudanzas, la llegada de nuevos animales o personas, ruidos intensos o alteraciones en su rutina. En esos casos, el lamido es una conducta de desplazamiento, una forma indirecta de canalizar el nerviosismo que el gato no sabe gestionar de otra manera.

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Para interpretar correctamente este comportamiento, es fundamental observar el contexto y el lenguaje corporal del animal. Un lamido pausado, en un momento de calma, suele indicar bienestar y vínculo afectivo. Sin embargo, si el lamido es rápido, repetitivo y va acompañado de pupilas dilatadas, orejas hacia atrás o incluso pérdida de pelo, puede ser un signo de ansiedad que requiere atención.

Ante la sospecha de estrés crónico, los profesionales recomiendan consultar con un etólogo veterinario para analizar el entorno del animal y corregir posibles factores desencadenantes. Detectar estas señales a tiempo es crucial para preservar su equilibrio emocional y su salud general.

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