La OTAN ya no piensa solo en soldados, blindados y bases avanzadas. La alianza atlántica estudia desplegar una franja de defensa automatizada a lo largo de su frontera oriental con Rusia y Bielorrusia, una especie de cinturón tecnológico concebido para detectar, vigilar y frenar incursiones antes de que empiece un conflicto abierto. La idea empezó a tomar forma en 2025 y, si el calendario se cumple, debería estar plenamente operativa en 2027.
La OTAN levanta un muro tecnológico ante Rusia: enjambres de drones, robots autónomos y vigilancia total por IA a partir de 2027
El proyecto se define internamente como una zona de defensa no tripulada, una capa intermedia de alta vigilancia pensada para convertir el cruce de la frontera en un desafío constante. No se trata de una línea de combate tradicional, sino de un entorno hostil saturado de sensores, sistemas automatizados y plataformas autónomas capaces de identificar amenazas y activar respuestas iniciales. En palabras de sus impulsores, sería una “zona caliente” diseñada para ralentizar al enemigo desde el primer minuto.
El plan fue detallado por el general Thomas Lowin, subjefe de operaciones de la OTAN, en una entrevista concedida al diario alemán Welt am Sonntag. Según explicó, el objetivo no es sustituir a las fuerzas convencionales, sino ganar tiempo y reducir la sorpresa estratégica en las primeras fases de una crisis militar.
El concepto de defensa multicapa combina tecnologías ya existentes con nuevos sistemas basados en inteligencia artificial. La vigilancia se apoyaría en sensores terrestres, aéreos, espaciales y digitales desplegados a lo largo de miles de kilómetros. Radares, dispositivos acústicos y ópticos, plataformas móviles y estaciones fijas recopilarían datos en tiempo real, compartiéndolos con todos los países miembros de la alianza.
A esta red se sumarían satélites, drones de reconocimiento y aviones especializados, creando un flujo constante de información que la IA procesaría para detectar patrones anómalos, movimientos de tropas o despliegues de armamento. La clave, según Lowin, está en reforzar las capacidades actuales sin depender exclusivamente de sistemas automáticos.
La defensa incluiría drones, robots terrestres, vehículos semiautónomos y sistemas automatizados antimisiles, pero con una línea roja clara: cualquier uso de armamento letal seguiría bajo control humano. La OTAN insiste en que la automatización acelerará la respuesta, pero no tomará decisiones irreversibles por sí sola.
A nivel nacional, algunos países ya han empezado a moverse. Polonia y Rumanía estudian la instalación de estas tecnologías y trabajan en sistemas basados en IA para contrarrestar drones rusos. Varsovia, además, prepara lo que su ministro de Defensa ha calificado como el mayor sistema antidrones de Europa. Dinamarca también suena como futura participante, mientras la alianza acelera los preparativos ante el temor de una expansión militar rusa. El reloj ya está en marcha y 2027 aparece marcado en rojo.















