Jonathan Majors, quien se perfilaba como el principal antagonista de la Saga del Multiverso del Universo Cinematográfico de Marvel, había desaparecido de la escena pública tras una demanda por agresión y acoso que culminó en su condena. Este revés truncó su prometedora carrera, lo que llevó a Marvel Studios a despedirlo y a que sus proyectos se desmoronaran.
Jonathan Majors sufre un accidente en su regreso al cine y la producción responde con dureza tras las exigencias de seguridad
Desde entonces, el protagonista de Creed III ha buscado sin éxito un proyecto que le devuelva la relevancia. Knuckle, una película de acción producida por The Daily Wire y Bonfire Legend, bajo la dirección de Kyle Rankin (Luchar o morir), parecía ser su oportunidad. Algunos la comparaban con Pequeños guerreros o Amanecer rojo, y se veía como su salvación a nivel profesional tras varios fracasos y problemas en proyectos que no terminaban de arrancar.
Sin embargo, el rodaje ha traído consigo nuevos problemas. Según Deadline, la semana pasada Majors y su compañero JC Kilcoyne sufrieron un accidente al atravesar una ventana defectuosa y caer desde más de dos metros de altura. La ventana, que no era de cristal templado y apenas encajaba en su marco, estaba destinada a una escena posterior con especialistas. Majors salió ileso, pero Kilcoyne requirió atención médica y varios puntos de sutura.
Producers have not denied any of the below allegations but, when reached by Deadline for comment, said they “don’t negotiate with communists”.
Deadline spoke with several crew members who have since stopped work on the production who say that the strike effort gained steam at… pic.twitter.com/T8viKYskpD
— Deadline (@DEADLINE) April 3, 2026
Este accidente no fue un incidente aislado, sino la punta del iceberg de un rodaje plagado de negligencia. Parte del equipo ha decidido ir a la huelga, denunciando la falta de medidas de seguridad básicas. Aunque la producción no está sindicada, el sindicato IATSE ha intentado mediar ante las reiteradas quejas de los trabajadores.
Las denuncias revelan un panorama preocupante: la ausencia de una lista de producción, un documento fundamental en cualquier rodaje, la caída de elementos de utilería sobre el personal y la inquietud por la gestión de los efectos especiales. En este último aspecto, las alarmas se disparan al mencionar a Chris Bailey, supervisor al que se le prohibió manipular explosivos tras ser declarado culpable de posesión ilegal de este tipo de material en otro set.
La respuesta de los productores no ha contribuido a calmar los ánimos. Dallas Sonnier, uno de los responsables del filme, fue tajante al ser preguntado por la situación: aseguró que la industria está “en caída libre” por las huelgas y acusó a los trabajadores de sabotear las producciones en activo, cerrando cualquier posibilidad de negociación con una frase incendiaria.
"Toda la industria está en caída libre debido a las huelgas, y ahora que sus miembros están sin trabajo, intentan sabotear a los pocos que aún producen. No negociamos con comunistas", indicaba. A pesar del clima tenso, la película sigue adelante. La intención de la producción es continuar el rodaje incluso si eso implica sustituir a los miembros del equipo que han decidido plantarse. Este regreso al cine está resultando tan accidentado como polémico para Jonathan Majors.















