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Hace 20 años, 'Miami Vice' fue el GTA 6 de Michael Mann: una película adelantada a su tiempo que merece ser reivindicada

20 años después, la película de Michael Mann sigue pareciendo una anomalía. Un thriller criminal, digital hasta la médula y capaz de captar mejor una sensación que en contar una historia convencional.
Hace 20 años, 'Miami Vice' fue el GTA 6 de Michael Mann: una película adelantada a su tiempo que merece ser reivindicada
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Actualizado: 9:45 28/8/2026
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michael mann

Grand Theft Auto VI ha paralizado el mundo con una revelación única en forma de un un espectacular gameplay que nos ha ofrecido todos los detalles de su mundo, personajes y jugabilidad. El juego de Rockstar marcará un antes y un después en una ciudad ambientada en Miami, con múltiples detalles y una historia que promete cambiarlo todo. Pero hace 20 años, un director intentó presentar una película que se adelantó a su tiempo.

Hace dos décadas, ‘Miami Vice’, la película de Michael Mann, fue una obra maestra adelantada a su tiempo

Cuando Miami Vice llegó a los cines en 2006, una parte del público esperaba encontrar los coches, los trajes y el glamour de la mítica serie televisiva. Michael Mann decidió hacer exactamente lo contrario. Conservó a Sonny Crockett y Ricardo Tubbs, interpretados por Colin Farrell y Jamie Foxx, pero eliminó casi cualquier rastro de nostalgia. Su Miami no es un parque temático de neones y palmeras, apostó por algo completamente contrario, era más bien un territorio oscuro, húmedo, violento y permanentemente al borde del desastre.

La historia tampoco pretende funcionar como una aventura policial clásica como las que veíamos en la pequeña pantalla, ya que toda la trama parece ejecutarse alrededor de un contexto más realista. Crockett y Tubbs se infiltran en una organización dedicada al narcotráfico internacional y terminan entrando en una espiral donde la identidad, la lealtad y los sentimientos personales se mezclan con el trabajo.

La relación entre Crockett e Isabella, interpretada por Gong Li, añade una dimensión romántica y fatalista que encaja perfectamente con el cine de Mann, cineasta responsable de obras maestras como Heat. Pronto nos encontramos con personajes que saben que están cruzando una línea, pero continúan avanzando porque no conocen otra forma de vivir.

Mann y el director de fotografía Dion Beebe decidieron rodar prácticamente toda la película en digital, utilizando principalmente cámaras Thomson Viper FilmStream y Sony CineAlta, después de haber experimentado con ellas en Collateral. Aproximadamente un 75-80% del metraje se rodó con las Viper, mientras que el equipo recurrió a otras cámaras digitales y puntualmente a 35 mm cuando las condiciones lo exigían.

El resultado fue polémico, pero también visionario. Aquella imagen granulada, imperfecta, con cielos cargados, luces quemadas y una profundidad de campo extraordinaria no intentaba fingir que era película. Mann quería precisamente lo contrario: demostrar qué podía hacer el vídeo digital que el celuloide no podía hacer igual. El director llegó a defender que el digital permitía una sensación de presencia mucho mayor, como si el espectador estuviera dentro de la escena.

Eso resulta especialmente evidente durante las noches de Miami. La cámara captura luces lejanas, nubes, humedad y reflejos que convierten la ciudad en un organismo vivo. Cerca de la totalidad de la película se rodó de noche, llevando aquella tecnología todavía inmadura y prácticamente en pañales a hasta límites extraordinarios.

También explica por qué las escenas de acción siguen siendo tan impresionantes. El tiroteo final, una de las mejores partes de la película, no está construido ni filmado como una coreografía espectacular -un tic técnico muy habitual en el Hollywood actual-, sino como una experiencia física y caótica. Los disparos suenan como auténticas detonaciones, la cámara se mueve entre los personajes y la sensación que se transpira en cada segundo es como la de asistir a un tiroteo de verdad. Ahora choca, sí, pero en su día fue una auténtica locura, todo muy cerca de una especie de realidad televisiva.

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Farrell y Foxx, además, entendieron que no estaban interpretando a los personajes de la televisión, sino a versiones más cansadas, adultas y melancólicas. Jamie Foxx aporta contención y Farrell una fragilidad que encaja perfectamente con el universo del director. Gong Li, Naomie Harris y Luis Tosar completan un reparto que funciona especialmente bien cuando Mann deja que las miradas digan más que los diálogos.

Su influencia también ha envejecido de manera curiosa. Hoy, tras contemplar el nivel de inmersión de GTA 6, sus ciudades hiperrealistas, sus personajes y esa obsesión por convertir un territorio en protagonista, resulta inevitable pensar en Miami Vice. En 2006 muchos vieron una película fría, irregular y excesivamente preocupada por su estética. Hoy resulta mucho más interesante. Miami Vice no envejeció como un blockbuster clásico de verano, más bien se podría decir que envejeció como una pieza de cine digital experimental disfrazada de película de acción.

Mann se la jugó y acabó abriendo la veda para una forma de rodar que lo cambiaría todo en la industria. Suena raro, sí. Y quizá por eso, veinte años después, sigue pareciendo más moderna que muchas producciones estrenadas ayer.

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