En lo profundo de los Alpes suizos podría encontrarse una de las claves para la próxima gran transición energética mundial. Un equipo internacional de geólogos ha identificado signos de grandes reservas de hidrógeno blanco, una forma natural de hidrógeno que se forma bajo la corteza terrestre.
Aunque su existencia se sospechaba desde finales del siglo XX, hasta ahora no se contaba con indicios suficientes que avalaran su explotación a gran escala. Este hallazgo, confirmado mediante modelos geodinámicos, no solo refuerza la viabilidad de este recurso, sino que podría cambiar las reglas del juego en la lucha por una energía más limpia y autónoma.
El futuro es del hidrógeno blanco
El hidrógeno blanco, también conocido como hidrógeno geológico, se diferencia del llamado hidrógeno verde —producido a partir de energías renovables— porque no necesita procesos industriales para generarse. Se forma de manera natural mediante reacciones geoquímicas como la serpentización, una transformación de rocas ultramáficas en presencia de agua, que libera hidrógeno. Estas reacciones ocurren típicamente a gran profundidad, pero en zonas de colisión tectónica, como los Alpes o el Himalaya, las rocas del manto pueden ascender y entrar en contacto con el agua, liberando hidrógeno en zonas accesibles.
Aunque ya se habían detectado emanaciones puntuales en lugares como Malí o Rusia, esta es la primera vez que se logra un mapeo predictivo a gran escala de regiones con potencial para contener acumulaciones de hidrógeno blanco. Según el geólogo Frank Zwaan, del Centro Helmholtz de Geociencias (Alemania), el avance radica en haber desarrollado una metodología cuantitativa basada en simulaciones del movimiento de placas tectónicas. Estas simulaciones han permitido localizar posibles focos en cadenas montañosas como los Pirineos, los Alpes suizos o el Cáucaso, lo que abre la puerta a futuras exploraciones dirigidas.
No emite carbono
El atractivo del hidrógeno blanco es claro: su combustión no emite carbono, solo vapor de agua, lo que lo convierte en un combustible limpio con un enorme potencial para sectores industriales intensivos en energía, como la siderurgia o la aviación. Sin embargo, su desarrollo comercial aún enfrenta múltiples retos, entre ellos la necesidad de técnicas de perforación más precisas, un sistema de almacenamiento eficiente y una infraestructura logística adaptada. A diferencia del gas o el petróleo, el hidrógeno se dispersa con facilidad y requiere condiciones especiales para su transporte y contención.
A pesar de estas dificultades, los expertos se muestran cautelosamente optimistas. “El hidrógeno blanco podría seguir una curva de adopción similar a la del petróleo, que también fue ignorado hasta que la tecnología permitió su explotación rentable”, afirma Zwaan.















