En España, más de 126.000 hectáreas de almendro están a punto de entrar en producción, lo que genera preocupación en el sector por una posible saturación del mercado. Este fenómeno, conocido como el “boom del almendro”, ha transformado el paisaje agrícola español en la última década, con más de 750.000 hectáreas dedicadas al cultivo, convirtiendo al país en uno de los principales productores mundiales, solo por detrás de Estados Unidos. Regiones como Andalucía, Castilla-La Mancha y Aragón lideran la superficie cultivada.
El cambio de modelos tradicionales de secano a explotaciones intensivas y superintensivas, más productivas y mecanizadas, ha elevado las expectativas de rendimiento, pero también el riesgo de saturación del mercado. La entrada en producción de estas nuevas plantaciones podría ejercer una fuerte presión a la baja sobre los precios en origen, especialmente en un sector ya condicionado por la volatilidad internacional y la competencia de gigantes como California. Como señalan medios especializados como Xataka, el campo español se enfrenta a una “tormenta perfecta”: más oferta que nunca, costes al alza y una rentabilidad cada vez más ajustada para los agricultores.
El campo español se enfrenta a una crisis sin precedentes, con más de 126.000 hectáreas de almendros amenazando el mercado en una ‘tormenta perfecta’.
En apenas una década, la superficie dedicada a este árbol ha crecido en torno a un 34%, impulsada por unas expectativas de rentabilidad que atrajeron a numerosos agricultores. Eso sí, buena parte de esas nuevas plantaciones aún no ha comenzado a producir, lo que anticipa un incremento significativo de la oferta a corto y medio plazo. En términos sencillos: si la cantidad de almendra disponible se dispara, el mercado corre el riesgo de saturarse y los precios de desplomarse.
No sería la primera vez que ocurre algo similar. El propio medio recuerda el precedente de la crisis del limón, cuando el atractivo de unos precios elevados generó un efecto llamada que derivó en una expansión descontrolada del cultivo.
Así, cuando todas esas hectáreas entren en plena producción y la demanda no crezca al mismo ritmo, el ajuste será inevitable: precios a la baja y rentabilidad en entredicho. Un escenario especialmente delicado para los agricultores, que verían cómo el valor de su cosecha disminuye mientras los costes como el agua o los fertilizantes siguen al alza.
A todo ello se suma otro factor clave: la vulnerabilidad del almendro. Se trata de un cultivo especialmente sensible a episodios climáticos extremos, como heladas tardías, sequías prolongadas o precipitaciones irregulares, cada vez más frecuentes en el actual contexto climático.















