Un reciente estudio científico ha puesto de manifiesto la creciente preocupación por la circulación oceánica del Atlántico, un sistema crucial para el equilibrio climático global. Los investigadores advierten de que su colapso es ahora mucho más probable de lo que se estimaba anteriormente.
La circulación meridional de vuelco del Atlántico (AMOC), un sistema de corrientes oceánicas que actúa como una cinta transportadora de calor, se encuentra actualmente en su punto más débil en al menos 1600 años. Los datos sugieren que podría estar acercándose a un umbral crítico.
Científicos expresan creciente alarma y preocupación por la posibilidad de un colapso de la corriente atlántica, describiéndolo como una situación “muy preocupante”
La AMOC transporta agua cálida desde las zonas tropicales hacia el norte del Atlántico, especialmente hacia Europa, donde se enfría, se vuelve más densa y se hunde, para luego regresar en profundidad hacia el sur. Este proceso es fundamental para mantener el equilibrio climático global, permitiendo que Europa occidental disfrute de temperaturas más suaves de lo que le correspondería por su latitud.
Desgraciadamente, este delicado mecanismo depende de factores volátiles en nuestros días, como la temperatura y la salinidad del agua. El calentamiento global está alterando estos factores, lo que podría ralentizar o incluso provocar el colapso del sistema.
La nueva investigación, publicada en Science Advances, concluye que los modelos climáticos más pesimistas, que preveían una mayor desaceleración de la AMOC, son los más fiables. Al combinar datos reales del océano con simulaciones, los científicos han logrado reducir la incertidumbre en torno a este sistema crucial. El resultado es alarmante: la AMOC podría debilitarse entre un 42% y un 58% para el año 2100, acercándose peligrosamente a un punto de no retorno.
El investigador Valentin Portmann destaca que esto indica que el sistema está "más cerca de un punto de inflexión" de lo que se creía. El climatólogo Stefan Rahmstorf comparte esta preocupación, afirmando: "Cada vez me preocupa más que podamos superar ese punto de inflexión a mediados de este siglo".
La importancia de esta corriente trasciende los límites oceánicos. Su colapso tendría repercusiones globales. Los científicos prevén inviernos significativamente más fríos en Europa occidental, alteraciones en las lluvias tropicales, cruciales para la agricultura en muchas regiones, y un aumento adicional del nivel del mar de entre 50 y 100 centímetros en el Atlántico.
Este debilitamiento está directamente vinculado al calentamiento global. El aumento de temperaturas en el Ártico ralentiza el enfriamiento del agua, mientras que el deshielo de Groenlandia introduce agua dulce que reduce la salinidad, dificultando aún más el hundimiento del agua.
Aunque el sistema es complejo y difícil de predecir con exactitud, el consenso científico es claro: el riesgo de colapso ya no es remoto. Y evitarlo dependerá, en gran medida, de la capacidad global para frenar el calentamiento del planeta.















