En El caballero de los Siete Reinos, HBO ha tomado una decisión de adaptación poco llamativa sobre el papel pero muy eficaz en pantalla: sacar del recuerdo a Ser Arlan del Árbol de la Moneda (Danny Webb), el viejo caballero que formó a Dunk, y convertirlo en presencia real mediante flashbacks. Uun hombre que nadie excepto Baelor Targaryen parece recordar. En los relatos de George R.R. Martin, Arlan existe sobre todo como huella moral —lo que Dunk se repite para no deshacerse—; la serie, en cambio, lo vuelve carne, gesto y contradicción, hasta el punto de regalarle una escena de desnudo que ya está dando conversación y que el equipo explica como una elección consciente, incluso con “truco” de producción incluido.
La jugada encaja con el problema (y la oportunidad) de este spin-off: adaptar una historia más corta que Juego de tronos obliga a administrar el tiempo con precisión, y los recuerdos visuales funcionan como atajo narrativo y como pegamento emocional. Según el showrunner Ira Parker, la intención es usar a Arlan para anclar por qué Dunk actúa como actúa —su brújula ética, su inseguridad, su obstinación— a lo largo de una primera temporada de seis episodios emitidos semanalmente.
Un pasado en pantalla para sostener el presente
Además, el contexto favorece ese refuerzo: estas historias suceden décadas antes de los Lannister y los Targaryen que el público asocia al “universo Thrones”, cuando Dunk y Egg todavía son “nadie” y, precisamente por eso, dependen más de vínculos pequeños que de geopolítica. En la propia presentación editorial del libro, el atractivo está en ese punto de partida humilde: un caballero errante y su escudero atravesando Poniente antes de que la Historia (con mayúsculas) los engulla.
Lo interesante es que este tipo de recurso no es solo una solución de guion: tiene base en cómo procesamos historias. La psicología narrativa lleva años describiendo la “transportación” —ese estado en el que el espectador se mete en el mundo ficticio y baja la guardia cognitiva— como un motor de implicación y persuasión emocional. Un mentor mostrado (no solo mencionado) aumenta la sensación de realidad del pasado del protagonista, y facilita que el público complete inferencias sobre su carácter sin que la serie las deletree.
Mentores, memoria y cómo engancha la ficción
Ahora bien, conviene no venderlo como alquimia garantizada: la investigación sobre si la ficción mejora de forma inmediata capacidades sociales como la “teoría de la mente” ha dado resultados mixtos. Hay trabajos que relacionan la exposición a narrativas con empatía y comprensión social, pero cuando se intentan replicar ciertos efectos “rápidos” (leer un texto breve y mejorar ToM al instante), el impacto puede ser pequeño o directamente no significativo según meta-análisis y réplicas; aun así, el debate sigue abierto y apunta a que importan mucho las medidas usadas y el tipo de historia.
Traducido a televisión: Arlan en flashback no es solo fanservice, es estructura. Si la serie logra que ese fantasma sea coherente (y no un adorno), gana algo que a veces se pierde en las precuelas: stakes íntimos. Dunk no pelea “por el reino”; pelea por no traicionar la idea de caballero que heredó de un hombre difícil, imperfecto y, ahora, visible. Y ahí está la apuesta: que el pasado deje de ser exposición y se convierta en presión dramática que acompaña cada decisión.















