Rusia libra un conflicto en Ucrania que le está costando una gran parte de su arsenal bélico. El país, comandado por Putin, sigue apostando por desarrollar tecnología de alto prestigio en el campo de batalla. Y en los últimos tiempos, el misil de crucero Kalibr 3M-14 (OTAN: SS-N-30A) se ha consolidado como uno de los sistemas de ataque naval con mayor alcance operativo disponible en la actualidad. Desarrollado por la empresa rusa Novator, el Kalibr alcanzó notoriedad internacional tras su uso documentado en operaciones reales, mostrando capacidades poco habituales: puede impactar objetivos terrestres a cientos de kilómetros mientras mantiene un vuelo extremadamente bajo, reduciendo así la exposición al radar enemigo.
Con un alcance de más de 1.500 km y un perfil de vuelo que mezcla baja altitud y ataques navales, el misil Kalibr convierte fragatas y submarinos rusos en plataformas de precisión del siglo XXI
Antes de entrar en los detalles técnicos, conviene contextualizar: los misiles de crucero no son juguetes ni simples herramientas de exhibición. Son instrumentos estratégicos que cada país desarrolla dentro de doctrinas militares muy concretas. En el caso de Rusia, el Kalibr busca ampliar el alcance de la Armada sin depender de portaaviones o bombarderos estratégicos, un planteamiento que recuerda al uso estadounidense del Tomahawk. El sistema Kalibr se presenta en varias versiones, cada una orientada a un tipo de objetivo:
- 3M-14: ataque terrestre
- 3M-54: ataque antibuque
- 91R: variante antisubmarina
La versión 3M-14 es la más conocida y se puede lanzar desde submarinos equipados con tubos de 533 mm o desde fragatas, corbetas y buques pequeños mediante sistemas de lanzamiento vertical (VLS). Esto convierte embarcaciones modestas en plataformas de ataque estratégico, como la corbeta Buyan-M, capaz de golpear objetivos en el extranjero pese a pesar menos de 1.000 toneladas.
El alcance del 3M-14 supera los 1500 km, variando según la carga y la versión. Su navegación combina INS/GPS, correcciones vía GLONASS y sistemas de orientación avanzada como TERCOM/DSMAC. Su perfil de vuelo es igualmente notable: despega a media altitud y desciende hasta apenas 10–50 metros sobre el mar, corrigiendo constantemente su trayectoria y ejecutando maniobras terminales que dificultan la intercepción.
El Kalibr puede portar ojivas de fragmentación o penetrantes y combina fases subsónicas y supersónicas según la misión. Las plataformas rusas que lo transportan incluyen submarinos de las clases Kilo y Yasen-M, fragatas Almirante Gorshkov y corbetas Buyan-M y Karakurt, distribuyendo su capacidad sin depender de grandes unidades.
Su empleo operativo más destacado ocurrió en 2015, cuando pequeños buques del mar Caspio atacaron objetivos en Siria, demostrando que incluso armadas sin portaaviones pueden proyectar poder estratégico a larga distancia. En el panorama global, el Kalibr se sitúa junto a misiles como el Tomahawk estadounidense, el MdCN francés o el Hyunmoo-3 surcoreano, todos compartiendo la lógica de proyección de fuerza remota con riesgo reducido para la tripulación.
El Kalibr no solo amplía el alcance de la Armada rusa, sino que convierte embarcaciones relativamente pequeñas en vectores estratégicos modernos, operando con vuelo bajo, navegación combinada y tecnologías comparables a las de otros misiles de crucero avanzados en el siglo XXI.















