La biodiversidad marina vuelve a dar una sorpresa de proporciones mayúsculas: el tiburón vela o tiburón canino (Gogolia filewoodi), considerado extinto desde hace medio siglo, ha sido localizado en Papúa Nueva Guinea. La especie no había sido observada desde 1973, cuando se capturó una hembra preñada en la bahía Astrolabe. Desde entonces, el animal se convirtió en una especie fantasma para la ciencia, envuelta en un halo de misterio alimentado por la ausencia de registros formales durante más de cinco décadas.
El redescubrimiento se produjo gracias a la colaboración entre pescadores locales y un equipo del Fondo Mundial para la Naturaleza del Pacífico, dirigido por Jack Sagumai. En 2020, los investigadores revisaron una serie de fotografías tomadas por comunidades de la desembocadura del río Gogol, en las que se identificaban cinco hembras juveniles con la inconfundible aleta dorsal de gran tamaño. Dos años después, en 2022, un pescador capturó un macho en la misma zona, confirmando que la especie no había desaparecido y reforzando la sospecha de que se trata de una población muy restringida.
El retorno de una especie fantasma
El hallazgo, publicado en el Journal of Fish Biology, ha generado tanto entusiasmo como incertidumbre. Por un lado, confirma que aún quedan especies por descubrir —o redescubrir— en las aguas del Pacífico, una de las regiones con mayor biodiversidad del planeta. Por otro, plantea la incógnita de cuál es la situación real de este tiburón, cuya población podría ser mínima y vulnerable a las presiones humanas, desde la pesca accidental hasta el cambio climático que altera la disponibilidad de sus presas.
La biología del tiburón vela es prácticamente un enigma. Hasta ahora, los únicos ejemplares conservados están en la Universidad de Papúa Nueva Guinea, lo que limita la investigación directa. Se desconoce su esperanza de vida, su comportamiento reproductivo y su rango real de distribución. Algunos especialistas creen que en el pasado pudo habitar aguas de Indonesia y del norte de Australia, pero que hoy estaría reducido a un pequeño enclave de la bahía Astrolabe, lo que lo convertiría en una especie microendémica y altamente frágil.
Genética, historia y futuro
Para intentar descifrar su historia evolutiva, los investigadores impulsan proyectos de cooperación con universidades de Australia y Florida. El objetivo es realizar análisis genéticos que permitan evaluar la diversidad de la especie, detectar posibles cuellos de botella poblacionales y sentar las bases de un plan de conservación. Sin esa información, cualquier esfuerzo por proteger al tiburón vela será incompleto, y el riesgo de que vuelva a desaparecer, esta vez de forma definitiva, seguirá presente.
Más allá del hallazgo científico, la reaparición del Gogolia filewoodi es también un recordatorio del papel crucial que juegan las comunidades locales en la conservación de especies raras. Los pescadores que registraron las primeras imágenes fueron la clave para que el tiburón vela regresara al radar de la ciencia.















