La tensión diplomática abierta por Donald Trump con España ha encontrado ya una respuesta nítida desde Pekín. El Ministerio de Exteriores chino rechazó este miércoles que el comercio pueda usarse como “herramienta” o “arma”, en una declaración que llega después de que el presidente estadounidense amenazara con cortar los intercambios con Madrid por negarse a autorizar el uso de las bases de Rota y Morón en operaciones ligadas a los ataques sobre Irán. La frase no ha salido de una filtración ni de una interpretación de prensa: la pronunció la portavoz Mao Ning en la rueda de prensa oficial del 4 de marzo.
La secuencia se aceleró el martes en Washington, durante la comparecencia de Trump junto al canciller alemán Friedrich Merz. Allí, el mandatario aseguró que Estados Unidos “cortará todo el comercio” con España y cargó contra el Gobierno de Pedro Sánchez por dos motivos que ha unido en el mismo frente político: el rechazo español a facilitar el uso de sus bases para la ofensiva contra Irán y la negativa de Madrid a elevar el gasto militar hasta el 5% del PIB, una exigencia que Trump viene repitiendo a los socios europeos de la OTAN.
Pekín entra en escena y amplía el choque
La respuesta china, sin embargo, no se limitó a la cuestión comercial. Mao Ning insistió también en que los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán “violan el derecho internacional”, una posición que Pekín ha sostenido desde el inicio de la escalada y que ahora conecta con su crítica al uso del comercio como presión política. En otras palabras, China no solo cuestiona la amenaza económica de Trump; también la enmarca dentro de una crisis más amplia en la que considera ilegítima la base militar y jurídica de la ofensiva.
Desde Madrid, el Gobierno ha evitado sobreactuar, pero no ha rebajado el fondo del choque. El ministro de Exteriores, José Manuel Albares, ha defendido que la posición española se ajusta al derecho internacional y ha recordado que las bases de Rota y Morón, aunque de uso conjunto con Estados Unidos, están bajo soberanía española. En paralelo, Moncloa sostiene que una ruptura comercial no depende solo de una amenaza presidencial y que cualquier revisión de la relación económica debería respetar tanto la legalidad internacional como los compromisos vigentes entre Washington y la Unión Europea.
El cortafuegos europeo frente a Trump
Ese último punto es, de hecho, el principal cortafuegos político y jurídico frente a la escalada verbal de Trump. La política comercial con Estados Unidos no la negocia España por separado, sino la UE en bloque, y tanto Merz como portavoces comunitarios han insistido en que no aceptarán un trato punitivo singular contra Madrid. Bruselas ha trasladado su solidaridad con España y ha recordado a Washington que debe respetar los acuerdos alcanzados con la Unión, lo que convierte la amenaza de Trump en algo más complejo de ejecutar que de enunciar ante las cámaras.
Lo que deja este episodio es una fotografía bastante clara del momento geopolítico: una crisis en Oriente Próximo que ya no se queda en la región, un presidente estadounidense dispuesto a mezclar bases militares, OTAN y comercio en la misma partida, y una China que aprovecha el choque para reforzar su discurso contra la coerción económica.















