China lo ha vuelto a hacer. Mientras el mundo sigue obsesionado con rascacielos de vidrio y autopistas de hormigón, en China ha surgido una revolución arquitectónica silenciosa que mira al pasado para salvar el futuro urbano. Kongjian Yu, arquitecto paisajista, decidió desafiar décadas de dogma técnico y político. En lugar de apostar por soluciones rígidas y costosas, volvió la vista a la sabiduría ancestral de la China rural, donde el agua no era enemiga sino recurso vital.
Así nacieron las llamadas “ciudades esponja”: urbes capaces de absorber, filtrar y reutilizar el agua, mitigando inundaciones, refrescando el ambiente y restaurando ecosistemas urbanos.
China levanta ciudades sin hormigón: sus 'urbes esponja' combaten inundaciones y marcan un nuevo rumbo en la arquitectura global
Durante años, sus ideas fueron ridiculizadas. Ingenieros y autoridades, acostumbrados a la infraestructura gris, veían como utopía sus parques inundables, humedales artificiales y jardines de lluvia. Pero como suele suceder en este tipo de casos, los crecientes y cada vez más habituales desastres -ríos contaminados, inundaciones récord y olas de calor urbanas- obligaron a una reevaluación. Hoy, el concepto está en el centro de la política urbana china y despierta interés global en la adaptación climática.
La rápida urbanización del país, especialmente desde los años 90, había cubierto riberas y terrenos inundables con cemento, eliminando la capacidad natural del terreno para retener agua. Las consecuencias eran visibles: inundaciones recurrentes, ríos convertidos en canales de desechos, calor extremo en verano y un deterioro ambiental alarmante. En este contexto, las ciudades esponja representan una alternativa que combina tradición y tecnología.
Inspiradas en sistemas ancestrales de terrazas, canales y humedales que transformaban las inundaciones en oportunidades de riego y fertilidad, estas ciudades aprovechan el paisaje como herramienta de resiliencia. Yu integró este conocimiento con su formación en Harvard y lo plasmó en proyectos pioneros como la restauración del Parque del Astillero Shan y la transformación de Harbin, donde los humedales urbanos absorbieron lluvias torrenciales y liberaron agua filtrada lentamente, evitando desastres y generando espacios públicos vibrantes.
Hoy, más de mil proyectos cubren decenas de ciudades chinas, con reducciones de inundaciones de hasta el 50% y mejoras evidentes en calidad del aire y confort urbano. Las ciudades esponja no solo combaten emergencias climáticas, sino que devuelven la naturaleza a la vida urbana y muestran que es posible reinventar la ciudad sin depender exclusivamente del hormigón.















