Los mapaches urbanos de Estados Unidos no solo se están acostumbrando a vivir entre contenedores y bolsas de basura: su cuerpo está cambiando para hacerlo mejor. Un nuevo estudio ha detectado que los mapaches que habitan en ciudades tienen el hocico significativamente más corto que sus parientes rurales, una señal clásica de que un animal está entrando en una fase temprana de domesticación.
El trabajo, liderado por biólogos de la Universidad de Arkansas en Little Rock, analizó casi 20.000 fotos de mapaches norteamericanos tomadas entre 2000 y 2024 y subidas a la plataforma ciudadana iNaturalist. Con software de análisis de imagen midieron proporciones del cráneo y el morro y compararon animales de condados muy urbanizados con otros de áreas rurales. El resultado: los mapaches de ciudad presentan un hocico un 3,5% más corto (3,56% en el modelo estadístico) que los de campo, una diferencia pequeña pero consistente y significativa.
La huella de la ciudad en el cuerpo de los mapaches
Ese acortamiento encaja con lo que se conoce como “síndrome de domesticación”: un conjunto de rasgos que se repiten cuando una especie se adapta a vivir cerca de humanos. En perros, gatos o ganado incluye hocicos más cortos, dientes más pequeños, orejas caídas, capas de pelaje más variadas y, sobre todo, menor agresividad y miedo. Desde 2014, varios trabajos han propuesto que muchos de esos cambios podrían tener un origen común en alteraciones de unas células embrionarias llamadas cresta neural, que afectan a la vez a rasgos físicos y de comportamiento.
En el caso de los mapaches, nadie los está “criando” como haría un ganadero, pero viven en un nicho nuevo creado por nosotros: ciudades llenas de basura comestible y casi sin grandes depredadores. Los individuos menos agresivos y más tolerantes a nuestra presencia tienen ventaja para rebuscar en contenedores, patios traseros o vertederos sin salir huyendo cada dos segundos. Con el tiempo, esa selección puede ir moldeando tanto su comportamiento como su anatomía hacia formas más “domésticas”, aunque nosotros no lo hagamos de forma intencionada.
¿Autodomesticación en marcha para los mapaches?
Los autores hablan incluso de “autodomesticación”: algo parecido a lo que se plantea para los perros primitivos que se acercaron a los campamentos humanos para aprovechar restos de comida, o para los zorros urbanos que hoy colonizan barrios enteros en Europa. En los mapaches, el hocico más corto sería solo la primera pista visible; si el proceso continúa, podrían aparecer otras señales típicas del síndrome de domesticación, como cambios en el tamaño del cerebro o en los patrones de pelaje, acompañados de mapaches aún más mansos y “mascotizables”.
Por ahora, no estamos ante una nueva especie de “mapache doméstico”, pero el estudio sugiere que la convivencia forzada en las ciudades ya está dejando huella evolutiva en estos animales oportunistas.















