Análisis Pragmata: Capcom estrena el 'shooter' más original en décadas (PS5, Switch 2, Xbox Series X, PC)
Desde su presentación algo enigmática en 2020, Pragmata siempre ha despertado curiosidad. No todos los días se ve una superproducción original de Capcom, y los continuos retrasos hacían temer que estuviésemos ante un caso similar al cancelado Deep Down, el ARPG anunciado en 2013 que se fue apagando hasta convertirse en vaporware.
Pero por suerte los malos augurios no se han cumplido con Pragmata: ya está aquí, es real, y va a sorprender a mucha gente por su extraña fórmula de fusionar acción y puzles que contra todo pronóstico funciona bien. ¿Ha nacido una nueva saga en Capcom?
Por fin algo fresco en los third person shooter
La fecha de lanzamiento de Pragmata casi parece pensada para coincidir con la misión de Artemis II, la mejor campaña promocional para Capcom. El juego comienza con el viaje de un grupo de investigación que se traslada a una base de investigación lunar que ha sufrido algún tipo de incidente, y no tardaremos mucho en descubrir que los robots que debían ayudar a los científicos ahora son hostiles. ¿Por qué es importante la Luna? Allí existe un mineral que se utiliza para la impresión 3D, la fibraluna, que permite construir casi cualquier cosa -incluyendo robots- al instante.
Lamentablemente esta bienvenida no acabará bien y Hugh, uno de nuestros protagonistas, deberá aliarse con una androide o pragmata de aspecto infantil, Diana. No haremos de niñera ni habrá misiones de escolta: en Pragmata la pareja funciona de manera coordinada, con Hugh encargado de la exploración y los disparos, mientras que Diana hackea a los enemigos y terminales. Sólo juntos podrán sobrevivir en este lugar controlado por una IA que nos ve como invitados no deseados.
La trama -contada principalmente con documentos- no es el punto fuerte del juego, aunque la buena química entre los dos personajes y las pequeñas dosis de humor la hacen bastante entretenida, incluso si Hugh peca de unidimensional. Cuando trata de dar algo más de dramatismo no siempre consigue lo que pretende, pero es una queja menor dentro de una aventura con un claro espíritu arcade y el inconfundible sello de la editora. Es sorprendente cómo, pese a ser una nueva licencia creada además por un equipo novato dentro del estudio, transmite por los cuatro costados que es un juego de Capcom.
Si no has jugado a la demo, disponible en todas sus plataformas, quizás te preguntes si Pragmata es una especie de shooter frenético estilo Vanquish, un survival horror en plan Dead Space o es el enésimo juego de coberturas, ahora con ambiente de ciencia ficción. Lo cierto es que nada de eso, y este es el punto clave para que adores o rechaces el título: antes de disparar a todas las amenazas que se cruzarán en tu camino, necesitas hackear las defensas de los robots con un minijuego. Cuando apuntas con un arma, aparece un panel de cuadrículas y desplazas una casilla -en pad, con los botones frontales- hasta llegar al objetivo, y todo esto en tiempo real, con los enemigos en movimiento. Sólo así conseguirás empezar a hacer daño real a los robots.
Por supuesto, los desarrolladores han equilibrado esto con unos enemigos un poco tontorrones, casi como zombis metálicos, porque de otra manera quedarías indefenso durante demasiado tiempo. Mientras consigas mantener las distancias, el juego no te presionará demasiado, pero obviamente el desafío irá subiendo más y más con enemigos que están en constante movimiento, lanzan proyectiles o van protegidos con escudos que debes romper para tener acceso al panel completo.
Este minijuego que aparece constantemente hace que en Pragmata cada encuentro sea un poco especial, aquí no se trata de despachar robots en una fracción de segundo. Aunque tu habilidad sigue siendo importante, sobre todo a la hora de dañar los puntos débiles de los robots, podemos decir que es un juego muy estratégico que te obliga a utilizar todos los recursos y herramientas de las que dispones, no sólo las armas ofensivas, tanto las básicas de munición infinita -se recarga por tiempo- como las potentes -de uso limitado-: hay un catálogo de armamento táctico y auxiliar que no debes olvidar, como el arma que crea un holograma para despistar a tus enemigos o el campo que paraliza a todo el que entra dentro. Esos instantes de respiro son valiosísimos para replantear tu posición en batalla.
El puzle de hackeo va evolucionando en tamaños y formas, con diferentes extras y bloqueos, como los nodos que proporcionan ventajas una vez pasas por ellos: conexiones entre distintos robots, aumento de daño, incrementar el efecto de calor, activar fuego amigo entre autómatas... No se trata sólo de resolver rápidamente estos laberintos, sino hacerlo de la manera más efectiva y en mitad de la acción. Nos ha gustado, es una idea fresca y consigue dar un ritmo especial a sus tiroteos, pero os recomendamos jugar a su prueba porque es la mejor manera de saber si se ajusta a vuestros gustos: sin este componente, Pragmata sería un juego más tradicional.
Toda la parte de la acción viene acompañada de un sistema de personalización que se gestiona desde el hub o refugio. Los recursos que irás consiguiendo sirven para "actualizar el firmware" o mejorar la salud y resistencia de Hugh, las características de las armas o la habilidad de hackeo de Diana, además de adquirir nodos, equipar módulos y otras mejoras que definen el estilo de juego. Esta sala, por cierto, incluye otras muchas opciones, desde entrenamientos en simulación a charlas con Diana o un juego tipo bingo para obtener más extras.
Al hilo del hub, conviene explicar que Pragmata es un juego lineal, aunque con matices. No consiste en pasar de una sala a otra sin más, sino que esconde pequeños secretos -hay un montón de coleccionables que puedes perder-, breves desvíos, ligero plataformeo y en alguna zona hay puzles con desplazamiento de cajas. Avanzas, encuentras unas compuertas cerradas y necesitas tomar otra ruta para activar la energía o un mecanismo, vuelves, descubres una zona de desafío opcional y más adelante encuentras un acceso al refugio, que es como la hoguera en un Dark Souls: te lleva al lugar para mejorar niveles, guardar y prepararte para el siguiente tramo. No deja de ser lineal, pero no es un simple pasillo.
O quizás desees utilizar el viaje rápido a otra zona. Porque Pragmata está diseñado para que lo exprimas a conciencia: el mismo mapa te indica qué has pasado por alto en coleccionables y mejoras durante cada tramo, e incluso hay áreas bloqueadas a las que no podrás acceder hasta conseguir una habilidad que aparece más tarde. Una partida rápida y centrada en la historia ronda las 13 horas, pero a nada que desees mejorar tu equipamiento -sobre todo si la dificultad se hace un poco cuesta arriba- o ver todo lo que ofrece tras finalizarlo, aumentará bastante esta cifra.
Con momentos de genialidad... y algunos puntos a mejorar
Al margen de lo diferente que se siente Pragmata a casi cualquier otro shooter en tercera persona que recuerdes, que ya de entrada es un punto positivo, la idea se ha llevado bien a la práctica. Es divertido, y en no pocas ocasiones consigue momentos de mucha tensión contra dos o tres enemigos básicos, simplemente porque la zona no permite mucha movilidad o te encuentras con uno de los robots más complicados y resistentes. Tiene una dificultad bien medida, no te hará sufrir más de la cuenta pero tampoco es un paseo; inicialmente podrás elegir modo fácil y normal, pero ten en cuenta que no se puede cambiar una vez has comenzado la partida.
A destacar sin duda sus espectaculares jefes, que quizás sean de lo mejor que hemos visto en mucho tiempo. Los hay grandes, gigantescos incluso, y pondrán a examen tu dominio de las mecánicas que van apareciendo constantemente: es uno de esos juegos que va presentando sistemas de principio a fin para resolver algún tipo de nueva amenaza, y se agradece porque cuando crees que ya dominas sus secretos, aparece algo inesperado para liarlo un poco más.
¿Dónde pincha Pragmata? Lo cierto es que no hay grandes fallos que echen por tierra el buen trabajo de Capcom, y a menos que no disfrutes de su combate -que puede suceder porque prefieras una acción más directa- te va a enganchar. Más que errores, podríamos decir que hay aspectos de los que esperábamos algo más, o que no están bien aprovechados. Por ejemplo, ¿qué tal más puzles de entorno, más interacciones con trampas del escenario o pulir las secciones de plataformas? Hay oportunidades para diferenciarlo más de Resident Evil, de llegar a donde otras de sus sagas establecidas no pueden.
Visualmente hay momentos impactantes, aunque encontramos pequeñas irregularidades según la zona. La que transcurre en una especie de Times Square, que seguro que has visto en la promoción del juego, es de las mejores, y las zonas interiores de esta gran base lunar tienen su encanto, pero es verdad que pese a los visibles intentos de los desarrolladores por dar un poco de variedad dentro de lo que cabe -con vegetación, zonas en completa ruina...- se puede hacer un poco monótono. Por suerte, el juego tiene una duración razonable para terminar justo antes de mostrar signos de agotamiento.
RE Engine vuelve a demostrar que es un buen motor gráfico, al menos cuando se aleja de los mundos abiertos: el rendimiento no nos ha dado problemas -sólo hay un instante donde parece resentirse un poco, y es durante una cinemática- y todo luce estupendamente; no al nivel de Resident Evil Requiem, pero son juegos con diferente dirección artística -y seguramente, presupuesto-. La única pega: el denoiser utilizado en RE Engine con el ray-tracing vuelve a dar algún problema, y sus artefactos cantan cuando entramos en una sala con este tipo de reflejos -en el hub, por ejemplo-.
En la música hay algún tema cañero para combates pero la mayor parte del tiempo no es algo que destaque mucho. Eso sí, llega con voces en español y el doblaje es tan bueno como acostumbra a darnos Capcom.
Conclusiones
Lo habíamos mencionado en pasadas impresiones y es completamente cierto: Pragmata tiene mucho de la Capcom de hace 20 años, cuando empezó a probar cosas nuevas del estilo Lost Planet o Dead Rising, juegos que quizás quedaban un poco a la sombra del Resident Evil, Monster Hunter o Devil May Cry de turno, pero ofrecían las sorpresas que sólo una nueva licencia te puede dar. Y con la secuela de Okami en marcha, el infravalorado Kunitsu-Gami: Path of the Goddess o el retorno de Onimusha, sólo podemos aplaudir que la desarrolladora se atreve a salir de su zona de confort, incluso si eso supone algún traspiés como el de Exoprimal.
Brillante, peculiar, desafiante, a ratos impactante y muy rejugable. En definitiva, Pragmata es puro Capcom.
Hemos realizado este análisis en PS5 Pro gracias a un código proporcionado por Plaion.