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Fecha de lanzamiento:
PS4, PC, XBOne:
FICHA TÉCNICA
Desarrollo: Games Farm
Producción: Kalypso Media
Distribución: Meridiem Games
Precio: 59,99 €
Jugadores: 1
Formato: Blu-ray
Textos: Español
Voces: Inglés
Online: Sí
ANÁLISIS

Análisis de Vikings: Wolves of Midgard (PS4, PC, Xbox One)

Acción, rol y vikingos en un aceptable videojuego que pese a no ser digno de reclamar su puesto en el Valhalla, sí se revela como entretenido.
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Actualizado: 21:31 17/8/2020
Análisis de versiones PS4, PC y Xbox One.

Parece que en los próximos meses, y tras varios años de paulatino cultivo, seremos testigos de la llegada de montones de vikingos a nuestras consolas y plataformas preferidas. Tras el éxito de la serie de televisión Vikings, y con algunos videojuegos de precedente como The Banner Saga o el más reciente For Honor de Ubisoft -y con el futuro God of War en el horizonte que cambia Grecia por los paisajes nórdicos y su mitología- asistimos al desembarco en nuestras costas de Vikings: Wolves of Midgard, un correcto título de acción y rol en tercera persona que nos ofrece alguna idea interesante, yl pese a que no se avergüenza de su condición de videojuego clásico sin demasiados alardes en su envoltorio, no termina de destacar.

El frío del Fimbulvetr

Vikings: Wolves of Midgard nos narra una oscura historia en la que el Ragnarok, el mayor de los Apocalipsis de la mitología nórdica -cuya traducción literal sería como el destino de los dioses-, se cierne sobre nosotros. Siguiendo la tradición de las sagas y poesías escáldicas, encontraremos un héroe o heroína que tendrá que poner pie en pared mientras las hordas de Jotun y sus gigantes intentan cambiar su fijado destino y desafiar a los dioses, arrasando con pueblos y asentamientos a su paso.

Los enemigos vendrán en tropel y en los más diversos tamaños y condiciones.

Bajo esta premisa, y con incontables referencias -algunas tan bien hiladas que harán levantarse de la silla a los más acérrimos conocedores de la cosmogonía- el título de Games Farm y Kalypso Media consigue hacerse interesante, y aunque creemos que no aprovecha del todo su historia -la narrativa es pobre la mayor parte del tiempo-, sí ofrece un motivo por el cual continuar y adentrarse en un universo el cual creemos que está todavía por explotar de forma correcta en el mundo de los videojuegos.

Rol y acción al estilo clásico, aunque poco depurado

De un simple vistazo el más avezado lector podría enmarcar sin demasiadas complicaciones a Vikings: Wolves of Midgard como un título de rol y acción en tercera persona. Y lo cierto es que lo es. Pero en su fórmula jugable y su entramado de mecánicas -e incluso en su presentación- Games Farm ha incluido algunos cambios muy loables que le sientan a la perfección. La mayor parte del tiempo encontraremos un videojuego poco arriesgado -de aquellos en los que básicamente iremos matando enemigo tras enemigo hasta llegar a un jefe final- pero respaldado por ideas muy trabajadas en el equipamiento, la supervivencia en entornos hostiles en términos climatológicos y la utilización de piezas de equipo variadas.

Los primeros segundos versarán en la consabida decisión de sexo, aspecto y condición de guerrero -con tres clases distintas y otras tantas bendiciones de dioses que nos ofrecerán modificaciones y bonificaciones pasivas-. El editor no es muy allá -es muy básico-, pero sí os recomendamos que leáis hasta la última línea de las descripciones, pues la naturaleza de juego muta lo suficiente entre unas y otras.

El primer contacto con el control de Vikings: Wolves of Midgard quizás sea un tanto extraño. Nos soltarán en mitad de un ataque de criaturas a nuestro asentamiento, y a través de una ventisca de hielo, deberemos ir conjugando golpes de espada con el rescate de nuestros vecinos y amigos. El control se presenta, de primeras, algo tosco pero funcional, en una sensación extraña que mejora con el paso de los minutos pero que muestra enormes carencias. Sí, tenemos ataques con espadas, hachas, mandobles o báculos de magia -entre otros-, y podemos observar cómo la jugabilidad cambia radicalmente según nuestro estilo de combate.

El control de Vikings: Wolves of Midgard es tosco y poco satisfactorio, pero a los pocos minutos acabaremos por acostumbrarnos a él

Tras derribar nuestro primer gigante y nuestra primera veintena de las criaturas herederas de Eneberg y sus deformidades, comprenderemos y comenzaremos a usar una de las principales ideas que pivotan en Vikings: Wolves of Midgard. Conforme mayor sea la bacanal de sangre que despertemos en el juego, mayor será la cantidad de destrucción que podemos desatar en una suerte de modo berserker -y nunca mejor dicho- que nos reportará una mayor bonificación y poder inusitado durante un corto pero intenso periodo de tiempo. El título nos invitará a usar este tipo de supremacía en el combate en los momentos más tensos, como las luchas contra jefes finales y similares.

Los gigantes son especialmente molestos cuando vienen acompañados de legiones de lobos.

El combate y el intercambio de golpes -mágicos o físicos, eso dependerá de vuestra decisión- es algo rudimentario, pero no falto de estrategia. Encontraremos enemigos de distinta naturaleza, y aunque la gran mayoría se solventarán con un par de golpes -como los que propinaremos a lobos, cuervos, ranas gigantes o similares-, también disputaremos duelos más inteligentes con criaturas y seres de diversa condición que nos harán sudar tinta. Desde gigantes de hielo a monstruos, caudillos de tribus rivales o soldados veteranos, el mundo nórdico ofrece toda una pléyade de formas de morir distintas.

El escenario cobra especial importancia en ‘Vikings: Wolves of Midgard’.

Como todo buen juego de rol y acción, las cosas se complican si no mejoramos a nuestro personaje o si no sabemos discernir entre qué enemigos son más prioritarios cuando nos vienen a tropel -porque tened una cosa clara: vendrán-. Habrá situaciones en las que, al igual que en Dark Souls, deberemos rodar y esquivar hasta tener una posición más ventajosa o eliminar a los monstruos y criaturas más débiles para así centrarnos en lo importante. No es que sea un desafío para el mayor experto, pero sí es cierto que si nos despistamos y no tenemos un personaje equilibrado o no sabemos elegir entre lo prioritario y lo secundario, moriremos en más de una ocasión.

A lo largo de nuestra aventura, como es normal, encontraremos decenas de tesoros, elementos y tipos de objetos que nos servirán para la mejora paulatina de nuestro personaje. Sí, tendremos armaduras, armas a una y dos manos, cinturones, cascos, escudos… De todo. Configurar a nuestro héroe o heroína, que irá ganando experiencia en función de su hoja de servicios es un método bastante tradicional -casi anodino-, pero uno de los elementos más curiosos es que tendremos a nuestra disposición materiales básicos con los que ir mejorando nuestra aldea original -que os recordamos, será arrasada al comienzo del juego-, invitándonos a visitarla cada cierto tiempo para que el herrero o el tendero de turno nos configure y cree armas y objetos más potentes y útiles con el paso del tiempo.

El clima es especialmente agresivo. Ventiscas, bajas temperaturas… Tendremos que tenerlo en cuenta y buscar calor.

Por eso, aunque suene a cliché, Vikings: Wolves of Midgard en el fondo oculta un curioso entramado jugable que nos presenta la posibilidad de ir mejorando poco a poco a varios niveles, no únicamente en lo relativo a nuestro personaje. De ahí que en más de una ocasión, en lugar de ir directamente a por el objetivo principal de la misión -que será aniquilar a tal o cual enemigo gigante-, nos tiremos cierto tiempo explorando rutas y caminos secundarios en los escenarios. Escenarios, que dicho sea de paso, no están nada mal diseñados y que tienen ciertos detalles de buen gusto en su haber.

Las mecánicas de mejora y gestión de equipo y aldea introducidas a la fórmula de acción y rol son muy interesantes

Uno de los aspectos más buenos de Vikings: Wolves of Midgard es cómo el entorno modifica nuestra forma de jugar. Tal y como os comentábamos al comienzo del análisis, Games Farm presenta el clima como un elemento agresivo de cara al jugador, asediándolo constantemente en forma de ventiscas y otros fenómenos meteorológicos muy agresivos que nos obligarán a buscar refugio cada cierto tiempo en hogueras y candelas para evitar que nuestra temperatura corporal baje. Sí, como estáis leyendo. Además de andar con un ojo a los monstruos, el título incorpora un medidor de temperatura que si llega al tope, acabará con nuestro personaje congelado. La inclusión de esta barra se traduce en una constante lucha contra los elementos que añade un cierto de nivel de estrés muy interesante, y aunque esto se va pa modificando en función de las ropas y armaduras que vayamos equipándonos, nunca desaparece del todo.

El videojuego también coquetea con ideas como elementos del escenario destructibles, objetos ocultos y diseminados y misiones secundarias -que se reducen en el consabido matar a un determinado tipo de enemigo o destruir un número concreto de banderas o tótems de tribus rivales- para invitarnos a visitar de nuevo algunos niveles para lograr mayor puntuación, e incluso incorpora decisiones cruciales en algunos momentos, que modificarán en cierta manera la narrativa de la historia y las recompensas que tendremos la posibilidad de lograr. No son muy allá, pero ahí están.

El juego no destaca especialmente en el ámbito visual, ni siquiera en sus batallas contra los jefes finales.

Además de la historia y los niveles principales -que podemos jugar en cooperativo a través de internet, pero no en una misma consola- Vikings: Wolves of Midgard incorpora un modo de desafío y supervivencia, en el que oleadas de enemigos vendrán a por nosotros y en el cual, podemos obtener recompensas exclusivas y demostrar nuestra pericia. Quizás no añada mucho, pero sirve para momentos puntuales y nos ayudará a romper un poco con la dicotomía de un título que puede antojarse algo repetitivo. Es quizás la definición perfecta del juego: "un sí pero no" constante, con buenas ideas y componentes curiosos pero que no terminan de encajar en un total que a veces, se nos muestra tosco y algo mediocre.

Un apartado técnico ‘gélido’

Vikings: Wolves of Midgard no oculta su condición de juego de presupuesto poco holgado. Es un título que bien podría haber salido en la generación de PlayStation 3 y Xbox 360, pues su aspecto visual no va mucho más allá de lo que podrían haber dado esas consolas en su momento. El título de Games Farm no hace adalid de ningún efecto, modelado o técnica de texturizado que sea especialmente destacable, y aunque a veces el conjunto puede parecer hasta resultón, no hay nada que nos haga asombrarnos en nuestras partidas.

El diseño artístico es un tanto simple y anodino pese a contar con una ambientación tan atractiva como la nórdica

De hecho creemos que parte de la culpa también lo tiene el apartado artístico, poco inspirado e insípido, con diseños muy anodinos y básicos en enemigos o incluso escenarios. Es una lástima, pues como hemos recalcado en anteriores ocasiones, creemos que la mitología nórdica tiene mucho por ofrecer y teniendo en cuenta lo especial de un mundo como este, en el que dioses y monstruos andan con impunidad entre mortales, la oportunidad desperdiciada duele incluso más. Sí, encontraremos los habituales clichés de vikingos y demás, no os preocupéis.

El problema es que también encontraremos efectos algo arcaicos, animaciones muy rudimentarias y algún que otro problema derivado del rendimiento y al estabilidad que afean -si cabe- algo más el conjunto. Es un compendio de elementos mediocres que pese a funcionar bien en conjunto -ninguno destaca por encima del otro-, si los miramos por separado, palidecen demasiado. Algo así le pasa factura también al sonido, muy básico, con una sonorización que no consigue transmitir demasiada epicidad y con una banda sonora que tampoco consigue transmitir demasiada emoción. Os recordamos que Vikings: Wolves of Midgard está traducido al castellano a nivel de textos -aunque su fuente es demasiado pequeña-.

Conclusiones finales

Vikings: Wolves of Midgard no es mal juego. Ofrece una interesante propuesta, completa y entretenida, que nos garantizará un buen puñado de horas enmarcadas dentro del género del rol y la acción. Su ambientación y algunas de sus mecánicas nos han parecido acertadas, si bien no termina de explotar ninguna de sus potenciales cualidades y se acaban difuminando en una serie de puntos negros demasiado evidentes y anodinos. Es el mayor punto negativo que se le puede achacar, que no destaca ni es especialmente original en casi ningún apartado, ofreciéndonos incluso un raquítico aspecto audiovisual muy poco digno de las plataformas para las que ha sido desarrollado

En cualquier caso, como juego de gama media, Vikings: Wolves of Midgard puede llegar a ser atractivo para muchos aficionados al género, sobre todo si se aprovecha su modo multijugador o se disfruta de su ambientación. En otro tiempo -y con otro precio-, podría haber resultado un videojuego decente. A día de hoy, es muy probable que pase sin pena ni gloria entre innumerables gestas y canciones mucho más atractivas en consolas y PC.

Hemos realizado este análisis en su versión de PS4 con un código de descarga que nos ha proporcionado Meridiem Games.

NOTA

6

Puntos positivos

Una vuelta al rol y la acción.
Su ambientación es atractiva.
Algunas buenas ideas.

Puntos negativos

Es un videojuego poco cuidado.
No destaca especialmente en ningún apartado.
Su elevado precio de novedad.

En resumen

Una entretenida aventura de rol y la acción con algunas ideas interesantes que no logra destacar en ningún apartado, quedándose estancado en un gris y difuso territorio.