Análisis de Dune: Awakening: el survival MMO de Arrakis llega con ventaja a consolas (PC, Xbox Series X, PS5)
Dune: Awakening lleva desde junio de 2025 conquistando Arrakis en PC, y ahora por fin da el salto a consolas. El survival MMO de Funcom, ambientado en el universo de la saga Dune de Frank Herbert, llega a PlayStation 5 el 22 de septiembre por 49,99 euros, junto a Xbox Series X/S (donde además será título de Game Pass desde el primer día; en PS5 no hay suscripción de por medio, así que toca comprarlo sí o sí).
La premisa parte de un "y si..." que se aleja de la trama original de las novelas: en esta línea temporal alternativa, Jessica Atreides da a luz a una hija, Ariste, en lugar de a Paul, y el Duque Leto Atreides sigue con vida gracias a que la traición del doctor Yueh nunca llega a producirse.
Encarnamos a un agente encubierto de las Bene Gesserit enviado a Arrakis para investigar la desaparición de los fremen, justo en mitad de una guerra de asesinos entre la Casa Atreides y la Casa Harkonnen. Es un punto de partida que hace un guiño constante a los libros y las películas sin depender de ellos, y que sirve como excusa perfecta para justificar nuestra llegada al planeta más hostil del universo.
Calor, sed y gusanos: sobrevivir en Arrakis
La gran baza de esta versión de consola es que no llega como un simple port de la edición de PC, sino como la Dune: Awakening más completa hecha hasta la fecha. Desde su lanzamiento, el juego ha recibido dos capítulos gratuitos que amplían de forma notable la historia (uno centrado en un misterio de asesinato en Arrakeen, otro que empuja la trama principal hacia nuevas localizaciones), así que quien empiece ahora en PS5 podrá disfrutar de la totalidad del "Libro Uno", con sus cinco actos completos, desde el primer día. Es una diferencia importante respecto a lo que se encontraron los jugadores de PC hace más de un año, y hace que el salto a consolas llegue en el mejor momento posible para el juego.
El núcleo jugable de Dune: Awakening bebe del survival más clásico, pero aplicado a un planeta que parece diseñado específicamente para matarnos. El sol nos calienta hasta límites peligrosos si no llevamos la vestimenta adecuada, la sed es una amenaza constante que obliga a gestionar el agua con cuidado, y caminar sin más por el desierto abierto es la mejor forma de atraer a un gusano de arena dispuesto a tragarnos enteros junto a todo lo que llevemos encima. Esa tensión constante, unida a la necesidad de recolectar recursos, fabricar herramientas y levantar una base con la que plantar cara al planeta, funciona como el motor principal que nos empuja a seguir jugando hora tras hora.
La construcción de bases es, de hecho, uno de los sistemas mejor resueltos del conjunto: colocar piezas es sencillo e intuitivo, algo de agradecer en un juego que ya nos exige estar pendientes de suficientes barras de necesidades como para encima complicarnos la vida a la hora de levantar un techo bajo el que resguardarnos.
Ornitópteros, gusanos y la fiebre de la especia
Nada resume mejor la fantasía de Dune: Awakening que una buena sesión de recolección de especia. El bucle es sencillo de entender: localizamos una mancha de especia en la superficie, la recogemos con nuestro compactador mientras el contador de tiempo corre en nuestra contra, y salimos por patas en nuestro ornitóptero en cuanto el temblor bajo nuestros pies anuncia la llegada de un gusano. Es una mecánica que se repite constantemente a lo largo de la partida, pero que rara vez se siente repetitiva gracias a la tensión que añade la amenaza, siempre latente, de perderlo todo en un abrir y cerrar de fauces.
Los vehículos, ya sean ornitópteros para moverse por el aire o distintos modelos terrestres, se sienten con el peso justo para transmitir la sensación de estar pilotando maquinaria pesada sin llegar a resultar torpes de manejar, y su progresión mediante piezas fabricables anima a seguir invirtiendo horas en mejorar nuestro equipo.
Hagga Basin frente al Gran Desierto Profundo
El mapa de Dune: Awakening se divide en dos grandes zonas con reglas bien distintas. Hagga Basin es la región principal, mayoritariamente cooperativa, donde se desarrolla el grueso de la historia y donde podemos jugar con relativa tranquilidad. El Gran Desierto Profundo, en cambio, es una zona mucho más extensa, de mayoría PvP, donde se esconden los materiales de más alto nivel y el equipo más codiciado del juego, a cambio de compartir el terreno con gusanos todavía más grandes y con otros jugadores dispuestos a robarnos el botín a la primera de cambio.
Cada semana, una tormenta llamada Coriolis resetea por completo el Gran Desierto Profundo en las partidas multijugador, lo que obliga a empezar de cero la carrera por hacerse con sus recursos una y otra vez; es una decisión de diseño que mantiene viva esa sensación de peligro constante, aunque quien prefiera evitar el enfrentamiento directo con otros jugadores puede limitarse a explorar esta zona con cautela y aun así sacarle partido.
Un modo para un jugador que cambia las reglas del juego
La otra gran novedad que llega con esta versión, disponible también para quienes ya juegan en PC, es un modo para un jugador completo, con servidores propios que podemos alojar nosotros mismos. Aquí desaparece el reseteo semanal del Gran Desierto Profundo, lo que da bastante más margen para explorarlo con calma y sin la presión de la competencia directa contra otros jugadores. Es una opción que agradecemos especialmente para quien quiera vivir la historia de Arrakis a su ritmo, aunque inevitablemente se pierde parte de la magia (y del peligro) que aporta compartir el desierto con cientos de personas reales al mismo tiempo.
La adaptación a consola llega con una interfaz rediseñada pensada específicamente para el mando, más clara y con menos densidad de información en pantalla que la versión original de PC, además de esquemas de control revisados que responden bien tanto en la exploración a pie como en el pilotaje de vehículos. En PS5 tenemos a nuestra disposición un modo Rendimiento, con el que el juego se mueve a 60 fotogramas por segundo de forma estable, y un modo Calidad, centrado en exprimir al máximo los efectos visuales del desierto a costa de la suavidad. En nuestras horas de juego nos hemos decantado por el primero, ya que en un juego con tanta acción entre ornitópteros y gusanos, la fluidez se agradece más que un puñado de píxeles extra.
Un MMO que alegra la vista
Dune: Awakening llega a PS5, Xbox Series X/S y PC por 49,99 euros en su edición estándar, con ediciones Deluxe y Ultimate que incluyen contenido adicional y hasta cinco días de acceso anticipado a partir del 17 de septiembre. Los textos están traducidos al español de España, aunque no hemos encontrado confirmación de doblaje a nuestro idioma, así que las voces se mantienen en inglés. Un apunte importante para quien juegue en PS5: de momento no existe cross-play ni cross-progression con la versión de PC, así que el progreso realizado en un ordenador no se puede trasladar a la consola de Sony (algo que sí es posible, eso sí, entre Xbox y PC gracias al ecosistema de Xbox Play Anywhere).
Este título aterriza en PlayStation 5 en su mejor momento posible: con más de un año de contenido, ajustes y una historia ya completa a sus espaldas, además de un modo para un jugador que amplía considerablemente a quién puede interesarle la propuesta. Sigue siendo un juego que exige paciencia, sobre todo en sus primeras horas mientras se aprenden todos sus sistemas, pero pocos títulos consiguen transmitir la fantasía de sobrevivir en Arrakis con esta credibilidad.
Hemos escrito este análisis gracias a un código digital para PlayStation 5 proporcionado por Funcom.